PAN Y GORRIONES
Hay un pódcast que emite Radio Nacional de España —puede que lo haya mencionado alguna que otra vez— que se llama «A la luz del pensar». Lo presenta Carlos Javier González Serrano y, en el último episodio al que atendí, contó con la compañía de Gregorio Luri, maestro, pedagogo y doctor en Filosofía, además de conferenciante y escritor. Dialogaron sobre las cuestiones que plantea este título: «La belleza de lo inacabado: en defensa de la mediocridad».
Ahora podría compartir las impresiones que me produjo esta escucha y, de alguna manera, voy a hacerlo. Al menos, en parte.
La sintonía de este programa pertenece a la banda sonora de El Señor de los Anillos. Al principio, mientras en pantalla aparece una panorámica de ese territorio al que llaman «la Comarca», el sonido bucólico y pastoril es ilustrado mediante la participación de una flauta. Y este pasaje fue el que me estimuló. No por las referencias cinematográficas. Es que relacioné el instrumento con el canto de los pájaros.
Los expertos a los que he consultado me dicen que las aves que tienen forma de gorrión, los paseriformes —«passer» es el nombre latino del gorrión—, poseen estructuras melódicas que sorprenden por su sofisticación. Algunas especies desarrollan elementos sonoros equiparables a formas musicales humanas. Esto fascinó tanto a naturalistas como a compositores.
La flauta resultó especialmente adecuada para emular esos sonidos debido a varias características que intentaré recordar:
—Puede ejecutar notas rápidas y ornamentadas.
—Permite glissandos —«efecto musical que consiste en deslizarse suavemente de una nota a otra, haciendo sonar todas las notas intermedias de forma rápida, ya sea de manera ascendente o descendente, creando una transición continua», según el profesor Gerardo Pérez-Puelles— y variaciones suaves de afinación.
—Produce timbres claros y agudos, semejantes a ciertos cantos aviares.
—Facilita efectos de eco y respiración natural.
Por otra parte, las flautas más antiguas conocidas fueron halladas en cuevas del sur de Alemania y tienen más de 35.000 años de antigüedad. Algunas estaban fabricadas con huesos de aves —como buitres y cisnes— y otras, con marfil de mamut. El hecho de que se eligieran huesos de aves no era casual: además de ser ligeros y resonantes, conservaban una conexión simbólica con el mundo aéreo y con los sonidos naturales.
Muchos antropólogos sostienen que las primeras melodías humanas probablemente surgieron de la observación del entorno sonoro: viento, agua y, especialmente, pájaros. Las aves canoras ofrecían modelos complejos de ritmo y altura tonal mucho antes de que existiera una teoría. La flauta, al producir sonido mediante el soplo directo del aire, era el instrumento más apto para reproducir esos timbres ligeros y flexibles.
Pero ¿cómo surgieron las flautas? ¿Quién las creó? ¿Cómo se inventaron?
No podría decirlo. No obstante, se nos permite acudir al fértil territorio de la mitología.
Entre las flautas a las que podríamos remitirnos a fin de responder a las preguntas que hice tan solo unos renglones atrás, la zampoña o siringa —instrumento rústico, en ocasiones compuesto por varias flautas unidas— es atribuible al patrono de los pastores: para los griegos, el dios Pan.
Se cuenta que Pan, por esas cosas de la vida de los dioses —vida eterna, claro—, se enamoró de la ninfa Siringa, hija de Ladón, el dios del río. Pero las demostraciones de amor y deseo no fueron bien acogidas por la joven, que rogó a Zeus que la salvara. Las súplicas no debieron de llegar a su destino, o Pan fue más rápido. O eso parecía. Parecía porque el dios de dioses transformó a la bella deseada en cañas.
El enamorado entonces, enfurecido, redujo las cañas a pedazos. Tal era su cólera. Sin embargo, más tarde, cuando la temperatura disminuía, reflexionó. Sintiéndose conmovido por el remordimiento, lloró y besó las cañas rotas, fragmentos dispersos de lo que fue su amada. Y, al hacerlo, descubrió que, mediante su aliento, podía crear sonidos con ellas.
Naturalmente, vino la música. Seguramente, en un principio, canciones tristes: de nostalgia, de reproche, de infelicidad. Tontas canciones de amor, como prácticamente todas las compuestas con el fin de amplificar el rastro del romanticismo.
En fin: acabo de escuchar unos pájaros y no puedo decir que cantaran. Digo que, cada vez que un pájaro abre la boca, no está obligado a intervenir en el Festival de Eurovisión. De hecho, cuando —como durante las primeras horas del día— se escucha una sinfónica de flautas, lo breve, si bueno, sigue resultando mejor. Aunque rara vez ocurre.
Creo que con esto lo digo todo.
Me destoso.
https://www.rtve.es/play/audios/a-la-luz-del-pensar/
https://es.wikipedia.org/wiki/Passeriformes
https://www.worldhistory.org/trans/es/1-11070/la-flauta-de-pan/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.





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