QUINCE MINUTOS DE NADA
Buenas noches nocturnas… Ahora puede que tome las bananas, si es que voy a comerlas, de un modo distinto. De hecho, tengo una extraña sensación. Por momentos tiendo a inclinarme por abrazar la ignorancia. La fruta a la que acabo de referirme, parecida a los plátanos, es ligeramente radiactiva. Tiene que ver con el contenido de “potasio-40”, un isótopo natural del potasio. ¡Radiactiva! ¿Cómo no recelar?
Se asegura que la radiación originada por el isótopo es mínima. Exigua y sin capacidad para hacer daño a los seres humanos… Eso se dice. Se certifica: “No teman, ponemos la mano en el fuego por su seguridad”. Y luego vemos arder hasta las pestañas del garante.
Mas, lejos de mí cualquier plan conspirativo. Se trata de un simple dato que, una vez confirmado, produce sobresaltos parecidos a los de la lista de efectos secundarios que conlleva el consumo de gran parte de los medicamentos que tomamos, incluso para que nuestras vidas estén a salvo.
Esa referencia me lleva a considerar otras cosas. Porque, si este resultado puede registrarse, existe hasta el punto de que se usa informalmente como curiosidad divulgativa para comparar niveles muy pequeños de radiación y se denomina “dosis equivalente banana”.
Por lo tanto, con el afán de proporcionar una imagen que permita visualizar las magnitudes de lo que se examina —aunque el rigor se diluya—, funciona como herramienta en manos de quienes han decidido facilitar determinadas informaciones porque piensan que se entenderán mejor.
De todo esto hay un número suficiente de ejemplos.
Uno de los más socorridos, ahora que la Liga se terminó, son los campos de fútbol. Es muy común para referirse a superficies grandes.
Si se trata de volúmenes de agua, piscinas. Si se trata de altura, edificios como el *Empire State Building* o la *Torre Eiffel*… Y hay más, por supuesto.
Uno de estos términos, a menudo formulados con sentido del humor, es el “Warhol”. Se origina al recordar la célebre frase atribuida a Andy Warhol —artista plástico y actor estadounidense que desempeñó un papel crucial en el nacimiento y desarrollo del pop art—: “En el futuro, todo el mundo será famoso durante quince minutos”.
Es útil para agrupar un número determinado de suspiros, al cabo de los cuales el éxito social de una persona cesa. La fama, no solo reducida a periodos ínfimos, sino tendentes a la nada.
Algo parecido pudo sucederle al canario de la fábula, escrita en verso por Iriarte y adaptada aquí en prosa…
Un canario, bien conocido por su canto, se escapó un día de su jaula. Lleno de alegría, pensó:
«¡Qué feliz voy a ser viajando libremente y presumiendo de mi canto suave!»
Voló sin dificultad por bosques y prados, y derrochó todo su repertorio de trinos dulces. Pero, aunque creara las melodías más hermosas, no encontraba a nadie que le hiciera caso.
Una mariposa le dijo, burlona:
«Yo voy de rosa en rosa sin parar mucho tiempo. Tú serás sin duda un gran músico, como los de Tracia; pero busca un oyente que no tenga tantas cosas que hacer.»
La hormiga le respondió:
«Yo voy a buscar mi grano de comida; pero usted siga cantando, artista del aire.»
La zorra, por su parte, era de esta opinión:
«Me alegra que tu canto guste a todos; pero yo, mientras tanto, me voy acercando a un gallinero que tengo visto y donde hay asuntos que no pueden esperar.»
Un palomo dijo:
«Yo estoy enamorado».
Y emprendió el vuelo mientras completaba su mensaje:
«Tengo que visitar a mi palomita; que el canario me perdone.»
El músico agradable estuvo gorjeando, pero apenas hubo quien lo escuchara siquiera un rato.
De modo que estos famosos de ahora, si hacen acto de presencia con la intención de superar ese “Warhol” que decimos de quince minutos, y lo consiguen, no es por otra cosa —canten bien o bramen como espectros del infierno— sino porque les prestamos atención.
Será cosa de que comemos muchas bananas y la radiactividad nos nubla el entendimiento. Hasta el punto de acreditar a cualquiera.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI.




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