SE TIENE POR PRODIGIO
Buenas noches nocturnas… Conforme hago conexiones, ordeno materiales y descarto posibilidades. Por ejemplo, en una sinopsis se puede leer:
«Fontecilla, un pueblo que vivió tiempos de esplendor gracias a la fama de su balneario, sobrevive a duras penas gracias al campo y a un limitadísimo turismo que apenas deja beneficios; ni siquiera el tren para ya en la estación. Don Ramón, el dueño del balneario, harto de su escasa y poco aristocrática clientela, en connivencia con el alcalde, el maestro, el barbero, el dueño del hotel y don José, un acaudalado propietario, urde un plan: organizar una “aparición mariana”, como la de Lourdes, que atraiga al turismo y a los devotos. Cuando se dan cuenta del extraordinario parecido que hay entre don José y una vieja talla de San Dimas, el buen ladrón, el problema queda resuelto».
Pertenece a los detalles que conciernen a la ficha de «Los jueves, milagro», película española de Luis García Berlanga, y, a pesar del «parentesco» que puede decirse que tenga con el asunto que pienso tratar, no vale.
Milagro, como palabra, además de «hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino; suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa» y voz que denota la extrañeza que causa algo, es el nombre de una localidad navarra situada en la Merindad de Olite, en la comarca de la Ribera Arga-Aragón y a 79,5 km de la capital de la comunidad, Pamplona.
Este Milagro, con mayúsculas, tampoco sirve. Bastante tienen ya los mapas.
Más cercano a lo que busco, de acuerdo con Michele Di Ruberto —prelado italiano de la Iglesia católica romana y especialista en el terreno jurídico civil y canónico—, puede considerarse milagro un «hecho que supera las fuerzas de la naturaleza, que es realizado por Dios fuera de lo común de toda la naturaleza creada por intercesión de un siervo de Dios o de un beato».
Pues bien, según se ha contado en el periódico El Debate, San Isidro, patrón de Madrid, al que hoy se celebra, lo es, entre otras cosas, gracias al número de prodigios que la Iglesia considera prueba suficiente de santidad.
Carlos Martínez, en este medio de comunicación, escribió en 2021:
«Cinco milagros fueron los que le llevaron a los altares; sin embargo, al santo se le atribuyen 477 milagros más, es decir, un total de 482».
Cinco verdaderos y más de cuatrocientos que podrían ser. No es una cifra desdeñable. La eternidad también tiene sus estadísticas. No sé si se puede hablar en estos términos, pero me gustaría saber qué lugar ocupa San Isidro en el ranking.
No obstante, ¿qué santos son los más milagreros?
Jeralí Giménez, en La Noticia, la voz de confianza de la comunidad latina en Charlotte, Carolina del Norte, Estados Unidos, propuso allá por el año 2022 este escalafón:
San Judas Tadeo. Es reconocido como uno de los santos más milagrosos porque intercede en las causas desesperadas o difíciles. Su fiesta es el 28 de octubre.
San Benito. Se le atribuye la protección contra el mal, los enemigos y las tentaciones. Se celebra el 27 de diciembre.
San Miguel Arcángel. Uno de los más importantes y que cuenta con la devoción de personas que le piden amparo. Su día es el 29 de septiembre.
San Francisco de Asís. Actuó en defensa de los animales. Se le celebra el 4 de octubre.
San Antonio de Padua. Se le conoce por su intervención en asuntos de pareja y objetos perdidos. A veces ambas cosas coinciden. Su día es el 13 de junio.
San Peregrino. A este santo se le atribuyen milagros en personas enfermas de cáncer. Se le recuerda especialmente el 1 de mayo.
De modo que ya saben ustedes a quién acudir, dependiendo de las necesidades que los acucien. La desesperación siempre ha sido muy devota.
Otros recopiladores proponen, en este orden, a San Nicolás de Tolentino, San Juan Nepomuceno, Santa Teresa de Jesús o San Francisco Javier.
Así que, llegados a este punto, y visto que la competencia entre santos parece cosa de cualquier liga, quizá haya llegado el momento de mencionar a otro con menos fama.
Por mi parte, pensando en la urgencia de emisiones que nos avisen cabalmente de las cosas que estén a punto de presentarse, recomiendo el rezo a San Blas Teroide, luminaria máxima de las mecánicas celestes. A él le deben los adictos a los fines de semana la paradoja de la reversión del jueves o maniobra confusa de Júpiter: cuando el astro realizó una órbita en zigzag, San Blas intervino para que se pudiera llegar al viernes en alegre compañía.
Durante la multiplicación de las sardinas tristes, a imagen de Cristo, multiplicó las exiguas provisiones del convento en tiempos de hambruna, y los frailes, junto con muchas personas de los alrededores, fueron alimentados a satisfacción. Lo curioso es que cada uno de los socorridos, mientras comía aquellas sardinas, recordaba episodios tristes de su infancia y daba gracias por el menú: las pesadillas con el estómago lleno son menudencias.
Y, por último, el más espectacular: el milagro de las campanas mudas.
Durante una tormenta, todas las campanas del monasterio quedaron inutilizadas por un rayo. San Blas golpeó suavemente la torre con una cuchara de madera y las campanas expresaron su canto… sin emitir sonido alguno.
Ahora bien, como los fieles que acudieron a los oficios no se retrasaron e incluso los sordos ofrecieron pruebas de haber escuchado las campanas, los teólogos concluyeron que la obligación moral se había impuesto a la física.
Con todo, recuerden que, vestidos de chulapos y chulapas, en Madrid reparten churros. ¿No es un milagro?
Me destoso.
https://www.filmaffinity.com/es/film997032.html
https://en.wikipedia.org/wiki/Michele_Di_Ruberto
https://www.eldebate.com/religion/catolicos/20221201/milagros-san-isidro_76651.html
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.




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