UN PASEO POR LAS NUBES
Buenas noches nocturnas… El día comenzó con amplitud de cielos. Digo que la vista llegaba hasta la baja estratosfera, despejado de nubes casi todo este territorio. Después de unos días de lluvia, tregua climática, sobre todo si quien así lo interpreta es partidario del sol sin interrupciones. Algunos amigos se harán a la mar. Es la misma masa de agua la que, a la hora oficial del desayuno —cada día más caro si uno lo toma lejos de casa—, empuja su rodillo hacia la costa con notable ímpetu. Pero no hay que alarmarse: la galerna es poco probable.
Sin embargo, horas después, ocurre algo que lo cambia todo. Sopla el viento y formaciones nubosas inesperadas proyectan sombras amenazadoras: ¿lloverá?
Cuando empiezo a redactar esto, en un nuevo giro de guion, el orden general inaugurado con el amanecer retorna a dominar las horas de luz y la vida continúa. No obstante, uno de los riesgos existentes, entre los registrados como pronóstico de la jornada, tiene que ver con un tipo de tormenta al que los expertos en estos aspectos de la física llaman “embebida”.
Con esto en mente, aunque soy de los que admiten por igual las manifestaciones meteorológicas adversas y las favorables y no tengo especial interés en los boletines de noticias mediante los que se informa de tales pormenores, reconozco una poderosa curiosidad por el “apellido” que acabo de mencionar. Acudo al diccionario y leo:
“Embeber”:
1. Dicho de un cuerpo sólido: absorber a otro líquido. La esponja embebe el agua.
2. Empapar, llenar de un líquido algo poroso o esponjoso. Embebieron una esponja en vinagre.
3. Dicho de una cosa: contener o encerrar dentro de sí a otra.
4. Dicho de una cosa inmaterial: incorporar o incluir dentro de sí a otra.
5. Encajar, embutir o meter algo dentro de otra cosa.
6. Recoger parte de una cosa en ella misma, reduciéndola o acortándola. Embeber un vestido, una costura.
7. Encogerse, apretarse, tupirse. El lino y la lana embeben al lavarlos…
8. Instruirse con rigor y profundidad en una doctrina, teoría, etc.
9. Entregarse con vivo interés a una tarea, sumergirse en ella.
10. Dicho de un toro: quedarse parado y con la cabeza alta cuando recibe la estocada.
Concretamente, en aquello que tiene que ver con la cuestión de las tormentas, la tercera acepción es la que me parece del todo apropiada. Porque “embebida” significa que la tormenta aparece dentro de un frente o un gran sistema nuboso. Eso hace que, desde fuera, no se diferencie visualmente de una banda de lluvia o de nubosidad continua: dentro habrá células tormentosas activas.
Un problema grave es que puede haber lluvia intensa, granizo, rachas fuertes de viento e incluso aparato eléctrico sin que la tormenta se vea con claridad. Por eso son especialmente relevantes en navegación aérea y en situaciones de mal tiempo generalizado.
Por suerte, mi jet particular está todavía en tierra en los talleres, para una revisión profunda de todos sus sistemas.
De haber previsto algo para una de esas frecuentes escapadas mías, volar, lo que se dice volar, habría de suspenderse. Si no conviene quitarse el sayo, como dice la memoria popular, hasta el cuarenta de mayo, extender las alas: si no puede ser hoy, será mañana; no hay prisa.
Si puede ocurrir algo que lo cambie todo, que ponga en pausa lo previsto o lo invalide, como no somos todopoderosos, será mejor merendar en casa esperando tiempos de alivio.
Con lo que me apetecía un paseo por las Islas Feroe.
Pero no pasa nada: ¡será por islas!
Me destoso.
https://dle.rae.es/embeber#EcavQbQ
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.





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