UNO PARA TODOS, HAGA FRÍO O CALOR
Buenas noches nocturnas… En muchas ocasiones leo algo para descubrir un aspecto de la vida acerca del que me gustaría reflexionar, aunque, en ese momento, desconozca siquiera la naturaleza de los hechos y si figuran expresados en el texto elegido a tales fines.
Por eso, tuve curiosidad acerca de lo que se decía en una entrevista que José María Robles hizo a la neurocientífica Susan Rogers, publicada hoy en el diario *El Mundo*, y ocurrió justo lo que esperaba que sucediera.
La suerte me acompañó gracias a la paciencia que invertí, un recurso del que hice uso movido por mi interés en todos los temas relacionados con el esclarecimiento de los procesos cerebrales: saber cómo y por qué interpretamos la vida de una determinada manera. Además, la música, manifestación cultural y artística próxima a mí como receptor, resultó protagonista y concluyente.
A propósito, me he quedado con una frase perteneciente a la respuesta que la profesora en la academia Berklee, de Boston, desarrolló al ser preguntada así:
«En su libro menciona el momento exacto en el que la escucha musical pasó a ser un fenómeno individual y portátil: la aparición del “walkman” de Sony en 1979. Después llegaron el reproductor de CD, el MP3, el mencionado iPod, el móvil inteligente con acceso a plataformas de *streaming*... Lo sorprendente es que, a pesar de que la industria tecnológica ha intentado individualizar cada vez más la escucha musical, hoy estemos celebrando el éxito de las *listening parties*. ¿Estas sesiones de escucha colectiva suponen de alguna manera un regreso a los orígenes tribales del ser humano?»
Y la respuesta completa es:
«Sí. La gente disfruta de la música porque es una actividad socioemocional. Somos individuos sociales y, en la evolución humana temprana, la música servía para unir a la tribu. Cuando disfrutamos de un artista en particular, queremos encontrar a otras personas a las que también les guste ese artista. Por eso acudir a un concierto nos produce tanta satisfacción. No solo estamos viendo una actuación sobre el escenario, sino que estamos con otras personas que comparten nuestro gusto. La escucha colectiva es importante para el sentimiento de pertenencia social, por eso no creo que vaya a desaparecer».
Por lo tanto, como dije, subrayo:
«Cuando disfrutamos de un artista en particular, queremos encontrar a otras personas a las que también les guste ese artista».
Me importa destacar este parecer porque, si se trata de un hecho incontrovertible, una explicación inobjetable, soy la excepción. No sé si la única, pero lo soy. Cuando un músico me atrae por su oferta sonora, me centro en ese sonido, en informarme, examinarlo y administrar sus virtudes consciente o inconscientemente, y me da igual si hay otras personas que compartirían conmigo ese gusto. Y, por supuesto, coincidir con cualquier público durante un concierto es una eventualidad que admito como parte de la vida. Como el frío propio de los inviernos o el calor de los veranos, por ejemplo.
De modo que no sé si debo acudir al psicólogo, al psiquiatra, a un terapeuta alternativo o revisar mi propio devenir mediante la autoayuda.
Sin duda, merezco un lugar entre las rarezas de este mundo.
Que seamos seres sociales no es algo que discuta, pero, aunque me beneficie, no le encuentro otras virtudes que las de la mera utilidad. Casi todas las que se me ocurren tienen que ver con la supervivencia. Si regreso a la lectura, a pesar de que hay clubes en los que se lee y se comenta lo que se lee, a mí no me atraen. Hago muy bien las cosas solo. No me importa hacerlas en compañía, conscientemente seleccionada, por cierto, y la vecindad, para la cultura, sea cual sea la alternativa, no me aporta nada. Más bien, sobre todo cuando a lo que sea acuden multitudes, sufro menoscabo, advierto incomodidades, padezco por el desasosiego.
Es un territorio que desearía despejado.
Y, en lo que me atañe, para despertar al sol del amanecer cada jornada, con visos de satisfacción, la tranquilidad es un elemento contribuyente que estimo mucho.
Es imposible con tanta gente a la que ni conozco ni quiero conocer.
Me destoso.
https://www.elmundo.es/papel/el-mundo-que-viene/2026/05/15/69fc6487e85ece8c4d8b45a1.html
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.




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