¡VIVA NEPTUNO!


Acudí a la biblioteca porque deseaba examinar algunas novelas de ciencia ficción menos conocidas… menos conocidas para mí. Estuve hojeando, por ejemplo, «Cántico por Leibowitz» (A Canticle for Leibowitz), una novela escrita por Walter M. Miller Jr. y publicada originalmente en 1959. Se sitúa en un futuro posapocalíptico con el fin de explorar el renacimiento de la razón humana tras una guerra nuclear. Es una de las obras más influyentes del género, según se dice, por su mezcla de teología, historia y especulación científica.


Tuve entonces la idea de averiguar si los títulos ofrecían alguna pista sobre el contenido de las obras.


A mí, este «Leibowitz» del título me conecta con una fotógrafa: Anna Lou «Annie» Leibovitz. Claro, me conecta mal. O soy yo quien realiza una conexión equivocada. Me dejo llevar por mis rudimentarios conocimientos idiomáticos e imagino una fonética parecida. Una sucesión de erróneas decisiones que me aleja del propósito antes declarado.


Por otra parte, algunos amigos son de una opinión distinta y consideran que el título de esta novela, al darse un contraste entre un término religioso y un nombre extraño, predispone a sentir que estamos ante un mundo no reconocible. Yo lo de término religioso no lo veo. «Cántico», es verdad, remite a «cada una de las composiciones poéticas de los libros sagrados y los litúrgicos en que sublime o arrebatadamente se dan gracias o tributan alabanzas a Dios», como figura en el diccionario. Pero, por extensión, la simple poesía participa igualmente de esa idea.


Más equívoca aún resulta la idea del «nombre raro»: raro, ¿para quién? ¿Lo poco común es raro hasta el punto de la sospecha?


Elijo cinco más:


La ciudad y las estrellas —de Arthur C. Clarke.


Cronopaisaje —de Gregory Benford.


Las estrellas, mi destino —de Alfred Bester.


Música en la sangre —de Greg Bear.


Y, La era del diamante —de Neal Stephenson.


Entonces tengo otra ocurrencia. Separo cada una de las palabras de los seis títulos. Las escribo en unas cartulinas y las barajo como si fueran naipes. El mazo resultante, como suele ocurrir, queda depositado sobre la mesa, mostrando únicamente el reverso de las cartulinas. Voy levantando «cartas» y, al principio, no sale nada congruente. El azar tiene estas cosas. Funciona cuando funciona, si es que funciona. Pero, al fin, tengo a la vista una combinación aceptable:


«La era del cronopaisaje».


Inmediatamente elaboré un argumento de novela:


«En el siglo XXVIII, la humanidad coincide en la idea acerca de la cual tantos especularon: el tiempo no es una dimensión uniforme. Se trata, más bien, de un territorio semejante al propio de los planetas rocosos. Hay cordilleras de futuros probables, llanuras de acontecimientos sucesivos y abismos donde la causalidad se rompe por precipitación. Los “cartógrafos temporales” surgen, entonces, para explorar ese cronopaisaje y conducir con bien a las civilizaciones futuras. Sin embargo, en una región desconocida, una joven exploradora transita entre el asombro y el espanto. Algo imposible está sucediendo: observadores de un pasado en el que la tecnología moderna apenas comenzaba a desarrollarse alrededor de las máquinas de vapor escrutan el presente como si los habitantes de un siglo remoto contemplaran a los de un futuro inconcebible».


Si yo tuviera talento, escribiría esta novela y, a mi vez, podría cambiar el título para lograr que los lectores supieran, desde el primer instante, que aquello que iban a leer era, ni más ni menos, una novela de ciencia ficción.


Por lo tanto, aunque no escribiré nada, como remate de mi juego puedo aventurar una frase inspirada por lo que acabo de exponer:


«El catastro de las líneas del universo».


Ahora, eso sí, me asombro de mí mismo. Porque, en un día calenturiento como el de hoy, urdo conjeturas alejadas de lo común, solo manejables si se piensa en algún planeta o planetoide helado de la galaxia.


De modo que, ¡viva Neptuno!



La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.






Selección gráfica del día...

ESTEBAN en La Razón 30 de mayo de 2026



RICARDO en El Mundo 30 de mayo de 2026



VERGARA en El Diario 31 de mayo de 2026




Selección de contenidos...

Primera:

Saturday Sessions: Peter Frampton performs "Buried Treasure"

En el Canal CBS Mornings

https://www.youtube.com/watch?v=PaVPwNAHgIM



Segunda:

MICKY DOLENZ - The Monkees "I'm a Believer" (Live at The Church Studio)

En el Canal The Church Studio

https://www.youtube.com/watch?v=WJlgl7XgP5c



Tercera:

Bárbara Jorcin - 2023 - Sesiones Pegaso (En Vivo)

En el Canal Bárbara Jorcin

https://www.youtube.com/watch?v=D0wqgygd_qQ

















Comments

Popular posts from this blog