CONTRA TODO PRONÓSTICO
Buenas noches nocturnas…
—Entonces, usted no solo ha dejado de animar a la selección española, sino que declara, abiertamente, sus deseos de que fracase…
—Es cierto, pero dejen que me explique. La publicidad ofrecida en los medios de comunicación durante estos días asegura —como el oráculo que anuncia un supuesto que se cumplirá con exactitud— que la selección española de fútbol será campeona al final del torneo. Yo escucho esas cosas y experimento, acto seguido, unas ganas tremendas de que suceda lo contrario. No puedo evitarlo. Es una enfermedad. En este documento se acredita. Lean…
Síndrome de Antífrasis Publicitaria.
Naturaleza:
El paciente experimenta un reflejo que ocurre al margen de su conciencia, parecido a un espasmo verbal o a un tic neurológico. Esta reacción tiene que ver, predominantemente, con la emisión de mensajes publicitarios o propagandísticos a los que el sujeto accede, en especial cuando se anuncian consignas de futuro victorioso antes de que el proceso concluya y permita dictaminar esas expectativas como un éxito indiscutible. Por ejemplo, un adolescente escucha en un spot institucional: «Con esfuerzo, aprobarás la selectividad con las mejores notas». Ante esto, a menudo se produce un sesgo premonitorio de signo contrario al que se sugiere. Los muchachos comprenderán que no hay caso y, por desesperación, se darán a la bebida.
Síntomas clave:
Contradicción inmediata. Ante un órdago publicitario, el paciente vocaliza justo lo contrario de lo que escuchó. Si el anuncio dice «Compre X, es duradero», él responde, sereno aunque poseído de cierta vivacidad: «¡No tienen crédito!».
Formulación desiderativa inversa. No solo negará el hecho: la refutación del mismo no basta. Por razones todavía sin aclaración científica, el sujeto es presa de un impulso que lo obliga a proclamar lo contrario. Por ejemplo: Rosalía se presenta en el Olympia de París, donde cosechará uno de los más grandes triunfos de toda la historia de ese teatro en la capital de Francia. Quienes están sometidos al rigor del Síndrome de Antífrasis Publicitaria son entonces incapaces de contenerse y, sin empacho, reaccionan de viva voz en clave contraria a los deseos de prosperidad que deben tener las personas bien educadas.
Irresistibilidad. Siempre y cuando el mensaje publicitario haya llegado en su totalidad al paciente, aunque intente reprimirse, obra en vano. Como cuando una persona a punto de estornudar reprime el estornudo: solo consigue su retraso. La persona afectada termina por conducirse de esa indeseada manera.
Fatiga paradójica. Después de varios episodios (por ejemplo, durante un corte publicitario en televisión), la persona sufre agotamiento mental y una sensación de «haber dicho lo opuesto a lo que en verdad piensa». Muchos pacientes afirman: «En realidad, me da igual el resultado del partido, pero en mi interior algo me impulsa a provocar, aunque solo sea de manera verbal, que la catástrofe no encuentre obstáculos». Lo peor, algunas veces, es que lo manifestado por el enfermo tiene que ver con lo que en realidad piensa y, sin embargo, pertenece a su privacidad.
Desencadenantes.
Solo funcionan mensajes con intención persuasiva o pronósticos emitidos por medios de comunicación de alcance. Una conversación privada sobre fútbol es solo cháchara sin sentido. Tampoco sirve como mecanismo que active el síndrome la lectura de una revista, si la publicidad inserta carece de las connotaciones antes observadas.
Complicaciones sociales.
En un bar, durante un partido, si el locutor dice «¡Qué golazo!», el paciente, aunque no prestara atención voluntaria, grita en consecuencia: «¡Es absurdo!» Y puede ser agredido por los hinchas allí congregados, que no suelen tolerar este tipo de apreciaciones.
Durante las elecciones, atender al anuncio de un partido («Vote por la estabilidad que llegará con nosotros sí o sí») hará que reaccione con un vivo: «¡Nunca: antes apisonado por la madre de todos los elefantes!».
Problemas legales derivados de la desobediencia civil cuando se insta incluso a emprender acciones en contra de las autoridades.
Tratamiento.
No tiene cura. Los pacientes precisan de una exposición controlada (ver publicidad en entornos terapéuticos) y técnicas de respuesta inversa, como aprender a susurrar la contradicción o a gesticularla en lenguajes especialmente diseñados para que no se entiendan —como hacen algunos actores de cine o cantantes modernos—. Muchas de estas personas optan por aislarse de las notificaciones comunes, volviéndose ermitaños informativos.
Paradoja clave.
Si durante un comunicado de difusión universal se escuchara una voz en off o a locutores profesionales de los que dan la cara avisando de que «quien padece el Síndrome de Antífrasis está autorizado a descartar las oportunas indicaciones», y existe un afectado en el entorno de cobertura, será reconocido porque, inmediatamente, dirá: «¡No, no, no y mil veces no!»
—No aparece acuñado ningún colegio médico, institución pública o privada o facultativo de renombre que respalde todo lo anterior.
—Es verdad. Ya me parecía que el ‘prompt’ no estaba bien redactado.
—Dese preso.
—¿En condicional?
—Es demasiado pronto para solicitar la libertad vigilada. Adelante, vamos a ver al juez.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI.




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