PRUEBA N.º 7
Buenas noches nocturnas…
La siguiente transcripción corresponde a un diálogo mantenido por los acusados antes de su detención. El contenido se reproduce sin alteraciones.
Voy a explicártelo en corto. Te lo voy a dar bien masticadito, para que solo tengas que hacer lo tuyo. Pero, para que te prestes sin reserva, además de recibir la suma que hemos acordado, me interesa que entiendas la operación. Una vez sepas lo que estoy a punto de compartir contigo, seguro como estás de que, si yo caigo, caerás —y mucho más profundamente—, tú te encargarás de los peones necesarios.
Ahora bien: existe un documento antiguo. Una «bula papal». Es un escrito autorizado y solemne emitido por el Papa, redactado en latín y autenticado con un sello de plomo —o, a veces, de oro—. Se utiliza para asuntos de máxima importancia, como dogmas, decretos doctrinales, nombramientos episcopales o convocatorias relacionadas con el año jubilar correspondiente… aunque no siempre es exactamente así.
Por ejemplo, la “bula de Antillón”. Es uno de esos documentos de los que te hablo. Justo lo que buscamos. Fue concedida a un caballero navarro llamado Lope de Antillón. Este hidalgo, junto con otros nobles, protegió al Papa durante el terrible asedio de Roma y, como agradecimiento, Clemente VII emitió la gracia que has de obtener, incluso si has de llevarte por delante a quien se oponga. No repararás en medios. Dispones de financiación y de libertad operativa.
Los familiares de una periodista que acaba de publicar un libro de historia aún conservan esta bula, válida y auténtica. No debe llegar a mí salvo en el estado en que se conserva: útil. De otra forma no sirve. Ha de estar en mis manos y a mi nombre. Los datos concretos para iniciar la operación figuran entre los archivos que te entregaré más tarde.
Esta bula permite a su tenedor algunas cosas curiosas, ¿sabes? Considera pecados de poca monta —de esos que se solucionan con simples rezos— el adulterio, los estupros y hasta la seducción de monjas. Determina la exención del beneficiario para todo aquello relacionado con votos, juramentos y excomuniones. Admite como actos de carácter lícito la promiscuidad y el quebranto de los ayunos. Da provisión independiente al propietario para tener oratorio y capellán sin necesidad de licencias episcopales… Y, lo más importante para nosotros: faculta al dueño para conducirse violentamente con cualquier religioso que no sea obispo o superior.
Esto es el poder: el impulso que no necesita remate. Cuando aquel sobre el que se ejercerá la fuerza sabe que, incluso, los suyos están de parte del agresor, lo tiene todo perdido y, si se estima entre los vivos, cae, empujando como hacen las fichas del dominó que se sitúan en pie una tras otra.
Luego —ya lo verás— buscaremos a un sacerdote que ocupe un puesto de privilegio cercano al obispo que nos interesa. Y, a partir de ese momento, la sucesión de chantajes ejercidos nos irá acercando al Papa. ¡Al Papa! Y, luego, él también. También él. Porque no hay hombre sobre la tierra que carezca de inconfesables secretos, cederá. Cederá. ¿Te imaginas al jefe de la Iglesia católica partidario de nuestros amigos chinos? Juntos, son dos poderes imbatibles. Muy, muy buenos para nuestros negocios.
En todo caso, ya te he contado mucho. A veces temo perder la fuerza por la boca… Y no pongas esa cara. No te pago para escuchar, sino para hacer. Yo pido uvas y tú me traes la vid.
Y ahora, desaparece de nuevo en las sombras. No volveremos a comunicarnos hasta que lo que tienes que traerme esté en mis manos del modo en que lo necesito. Si lo haces, vas a vivir mucho y bien. Muy bien.
Nada tengo que decirte acerca de las represalias y del rigor con el que concibo la antesala de la muerte para los que me decepcionan.
Todas mis vísceras, menos una, serán tuyas. Eso me cuestas. Así que estoy en mi derecho de exigirte lo mismo.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI.




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