TORO BIZCO
Buenas noches nocturnas… Me llamó la atención. En una serie —ahora no recuerdo las circunstancias exactas— una persona entregaba a otra lo que denominó “planta del duelo”: un vegetal que vivía dentro de una maceta y que no pude identificar.
A este respecto, tras algunas averiguaciones, podría haberse tratado del llamado “lirio de la paz”. O *Spathiphyllum* blanco, sirviéndonos del latín, que es su nombre botánico. Está asociado a la transmisión de calma y de pureza, conforme al ideal estético proporcionado por su flor y por la densa manifestación de hojas que componen cada uno de los ejemplares. Dicen, además, sus exégetas comerciales, que es una planta que perdura en el tiempo y ofrece un homenaje silencioso y lleno de cariño.
Pero todo esto que acabo de comunicar, colindante con los símbolos y sus significados, actúa ahora como una cuña: la punta del zapato del vendedor a domicilio que impide el cierre de la puerta cuando los dueños de la casa que visitan declinan todo trato.
Hecha esta confesión, usted, que sigue leyendo, se preguntará para qué. Pues porque, intentando saber acerca de los nombres populares de las plantas, di con el término “fitónimo”: nombre de planta. Esto y nada más es lo que figura en el diccionario.
Ocurre que siento una notable insatisfacción. Busco referencias que me encaminen a cosas más locales. Por estos pagos dicen de una planta que he visto —y a la que he ignorado, tal vez equivocadamente— que es “la planta de las pesetas”. Hace poco, además, tengo en casa un pequeño ramo que me regalaron, de “flores de papel”. Flores que, naturalmente, no son lo que su nombre sugiere.
En este punto, recordé un artículo que apareció publicado en la *Revista de Estudios Albacetenses, SABUCO*, titulado “Fitónimos albacetenses, algo más que palabras”. Encontré en él interesantes muestras de algo que, si no es exactamente lo que estoy buscando, sirve para que la curiosidad se aplaque.
La pieza, de casi cincuenta páginas, que lleva las firmas de José Fajardo Rodríguez, Alonso Verde López, Diego Rivera Núñez, Concepción Obón de Castro, Joaquín Bustamante Costa, Arturo Valdés Franzi y José García Botía, permite examinar y recrearse con el ingenio y la tradición.
Por ejemplo:
«Torovisco (*Daphne gnidium*): la palabra *torvisco* es un fitónimo enteramente de sustrato prerromano. No está claro si es de la Península Ibérica o mediterránea, porque ha quedado, además de testimonios en latín tardío (ss. V, VI d. C.) *turbiscum, turbiscus, turbisclum*, también en Cerdeña (sardo *truvusciu, truiscu*), español *torvisco* (muchas variantes dialectales: *chorovisco, chorvisca, chorvisco, torbisca, torbisco, torbizco, torobisco, torovisca, torovisco, toroviscu, torovizco, torvisca, torvizco, trovisco, truvisco*) y portugués *trovisco* (variantes *torvisca, torvisco, torvisqueiro, travisco, travisqueira, trevisco*). San Isidoro pretendía que venía de *turba* “muchedumbre”, pero André (1985) lo considera de origen desconocido, aunque, en nuestra opinión, es término de sustrato prerromano.
»Existen diversos biónimos, tal vez prerromanos, posiblemente emparentados con la raíz eusquera *kuzkur* (“pequeño, encogido”), como *kuzkurre* (léase *cuscurre*) para bellota y cosas pequeñas, como *coscorra* (*Amanita mairei*) y tal vez *coscobil* y *cascabillo* (cúpula de las bellotas).»
Pues bien, si nos quedamos con “torovisco”, por vecindad fonética pienso en un astado que tiene los ojos siempre observando el mundo desde posiciones asimétricas. Esta res habrá de esforzarse más que otras criaturas: la confusión ante cualquier amenaza la volvería vulnerable, aunque la imprevisibilidad de sus actos podría, a su vez, producir efectos insospechados.
Por lo tanto, este “Toro Bizco”, planta de tronco grueso y robusto, con dos hojas principales semicurvadas hacia arriba y puntiagudas, criatura vegetal de la que nacen flores a pares orientadas en sentido contrario, sería el elemento ornamental y simbólico oportuno para regalar a quienes necesitan fortalecerse y plantearse la vida sin descartar opciones: no importa hacia dónde se observe, allí puede estar la solución. En este caso, lo contradictorio confiere visos de progreso.
Es verdad que las plantas, en un domicilio particular, atraen bichos y convendría tener a otros bichos que se comieran a los anteriores. Esto, digo, si no se quiere recurrir a la guerra química. Así que, solo en el caso de que los destinatarios fueran aficionados al mundo vegetal y a la fauna que llevan aparejada, accedan a ofrecer tal presente. En caso contrario, podrían, incluso, ser demandados.
Por supuesto, en el artículo hay muchas otras plantas de conocidos nombres y de nombres que se leerán por primera vez. Entrar en las particularidades de todo lo anterior excede las posibilidades de este escribidor para la fecha.
Tal vez, en otro momento, algo más.
Me destoso.
https://www.interflora.es/p/lirio-de-la-paz-maceta-incluida/1
https://www.iealbacetenses.com/getfile.php?fr=documentos/editorial/ARTICULO6.pdf
https://es.wikipedia.org/wiki/Daphne_gnidium
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI.




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