CONTRA LA NOSTALGIA DE UNA INFANCIA SOLO VISTA A MEDIAS
Buenas noches nocturnas… Se lo escuché decir a José Mota hace unos días, durante una entrevista que le hacían para el pódcast *El Copiloto*, que sostiene Carlos Padilla para *El Confidencial*: “Volver a ser un niño”. Esa necesidad de algunos adultos que echan de menos ciertas virtudes propias de la infancia, muchas de ellas relacionadas con la ilusión, y que, parece ser, cuando el regreso a tales valores es incumplido, envaran a la humanidad.
Por supuesto, yo no soy partidario. Las repeticiones, a menudo, suceden cuando algo ha salido como no debía. “No se vale”, dirían los niños. Y eso es una cuestión que, desde mi posición de adulto, con todos mis sesgos, con todas mis rémoras, con todos mis callos, me parece de cierta pusilanimidad.
¿Se imaginan a cualquiera de los caballeros de la Mesa Redonda, al combatir contra aquellos rivales terribles, porque tropezara o se olvidara algo, exigiendo que la justa o la batalla se realizara desde el principio, como si no hubiera pasado nada?
A ver, pero más allá de las bromas. Ser un niño, volver a ser un niño, ¿cómo? ¿Cómo los de antes, toscos y rurales, o como los de ahora, impedidos para razonar y consentidos?
¿Solo con las circunstancias felices de la infancia o con sus muchos problemas, muchísimos, incontables?
Idealizar es lo que tiene. Nos salen churros muy bonitos, pero churros. Como los buñuelos: llenos de viento.
Quien se detenga a pensar en estas cosas una vez las formuló en voz alta —y no diré que el cómico manchego haya sido el único al que le he escuchado hablar en estos términos— puede que demuestre ser de los que abracen la magia aunque no exista. Por forofismo, por empecinamiento. Pues, de lo contrario, si la solución es invocar a una joven criatura para solucionar nuestros problemas, con montar una guardería y repartir pañales…
Es decir, si se piensa, reclamar un pasaje de regreso a la infancia es cursi y fraudulento. Al menos si no se contemplan todas las posibilidades.
Incluso tengo una lista que contraponer a la que propongan quienes están convencidos de lo bueno que debe ser volver a ser un niño. Una lista que no pone en duda ninguno de los supuestos que se aporten para defender tal idea. Y, si no, he aquí una serie de puntos reunidos:
Dependencia de los adultos para casi todo.
Falta de autonomía en decisiones importantes.
Vulnerabilidad física y emocional.
Limitada comprensión del mundo y sus riesgos.
Menor control sobre el entorno que les corresponde.
Posibilidad de sufrir violencia o exclusión.
Dificultad para expresar emociones complejas.
Poca capacidad para influir en situaciones injustas.
Frustración al no poder hacer lo que desean.
Recuerdos o experiencias negativas que pueden tener impacto a largo plazo.
¿Con esto basta?
Pues hay que decirlo todo. Actuar como quienes dan por supuestas las cosas es ventajista. Digo lo que me conviene y me callo lo demás. Como si no existiera.
¿Que se trata de una metáfora? ¿Que es una forma de hablar? Bueno, bien. Si se admite así, ya discutimos de otra cosa. Pero sostener que llueve sin decir dónde es propio de meteorólogos dignos del patio de Monipodio.
Me destoso.
https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-infancia-en-el-refranero/html/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona IDEOGRAM.




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