DESPUÉS DE LA MONTAÑA TODO ES LLANURA
Buenas noches nocturnas… Estoy pensando que lo de la Real Academia de la Lengua es como lo de los jueces: dependiendo de la rentabilidad que pretenda cada uno, se acata a la institución o se la denigra. Este escribidor, respetuoso que no sumiso con las instituciones, para lograr determinada precisión a la hora de expresarse, acude sin vergüenza a esa fuente de la palabra como autoridad cada vez que necesita hacerlo y, si otros proponen una crítica demoledora, allá cada uno. No coincidiremos en el estacionamiento dispuesto para dirimir estas cuestiones porque resulta una pérdida de tiempo, al final, bastante cara. Hay que recordar que por todo se paga, y se cobra el tiempo y el espacio.
Así pues, como no tengo empacho en acudir al diccionario para encontrar la definición de una palabra, ya que he mencionado la posibilidad de detenerse para conversar, en el acuerdo de que todo tiene un precio, recordemos que se dice de la palabra “parquímetro”:
“Máquina destinada a regular mediante pago el tiempo de estacionamiento de los vehículos”.
Máquina. Automatismo para que los ciudadanos adquieran un certificado. Un salvoconducto provisional mediante el que se acredita que lo que acaba de hacer al ocupar una superficie pública con un bien privado ocurre conforme a derecho… porque haría falta un ejército de trabajadores distribuidos por plazas, calles y avenidas, a fin de asegurarse de que se cumplen esas normas de tráfico, y esto, a la administración —es decir, al bolsillo de los ciudadanos todos, propietarios de automóviles o no— le supondría un gasto muy considerable.
Y, ¿quién inventó esta máquina que es útil, sobre todo, porque los ciudadanos preferimos evitar la incertidumbre de ser uno de los “agraciados” en el sorteo de las sanciones diarias? No se olvide de que no todos los automóviles estacionados allí donde funcionan los parquímetros pasan por el examen riguroso de los agentes encargados de velar porque todo esté en orden.
Pues bien, la respuesta. Carl Magee: periodista y abogado, conocido por su rigor crítico y por haber destapado el escándalo del *Teapot Dome*, un caso de corrupción en el gobierno de EE. UU. durante la presidencia de Warren G. Harding. Según las informaciones que existen al respecto, el secretario del Interior, Albert B. Fall, arrendó en secreto reservas federales de petróleo —incluida la de *Teapot Dome* en Wyoming, creada para garantizar el suministro de la Marina— a dos magnates petroleros, Harry F. Sinclair y Edward L. Doheny, sin licitación y a precios irrisorios. A cambio, Fall recibió “préstamos” y regalos por unos 500.000 dólares, que en realidad eran sobornos… Igual algo de esto nos suena.
Por lo tanto, como miembro del Comité de Tráfico de la Cámara de Comercio, recibió el encargo de encontrar una solución. Se cuenta con las palabras que se leerán, traducidas del inglés, en *Encyclopedia of the Great Plains*, publicación en la que figura como editor David J. Wishart:
“A Magee, como presidente del comité de tráfico de la Cámara de Comercio de Oklahoma City, se le había pedido que ideara un método eficaz para controlar el creciente problema del estacionamiento en la ciudad. La capital era la mayor área urbana de Oklahoma. Las principales vías de la ciudad eran utilizadas por el 10% de los 550.000 automóviles registrados en el estado, y los trabajadores que trabajaban todo el día en el centro ocupaban los espacios de estacionamiento necesarios para los clientes de los comercios. Hasta ese momento, los funcionarios de Oklahoma City, al igual que los de otras grandes ciudades, habían establecido límites de tiempo fijos para los espacios de estacionamiento en el centro, y los agentes de tráfico hacían cumplir los límites marcando con tiza las ruedas de los coches aparcados y multando a los conductores que aparcaban demasiado tiempo en el mismo lugar. Este método resultó ser solo un 5,10% efectivo”.
Mr. Carl concibió un dispositivo mecánico de tiempo: pequeño, barato, accionado por resorte y controlado por monedas. Presentó su primera patente en 1932, una nueva en 1933 y la definitiva se aprobó en 1938.
Esto originó muchas reacciones y fueron predominantes las adversas. Hubo quienes clamaron al considerar la novedad un impuesto encubierto por usar la vía pública. Existieron impugnaciones legales alegando inconstitucionalidad. Algunos conductores cortaban los parquímetros de los postes. Otros aparcaban justo entre dos plazas para bloquear el sistema. Los pícaros, inmediatamente a la orden, contrataron a adolescentes para mover el coche unos centímetros y evitar pagar otro níquel.
O sea, muy mal.
Pero ¿y al día siguiente? Los grandes y pequeños acontecimientos de la vida dan lugar a cambios que lo transforman todo, en especial cuando ha pasado el tiempo. Sin embargo, no se puede atribuir a tal constatación el rango de ley general. De hecho, soy de los que piensan que, un día después, a pesar de todo, la vida sigue como acostumbraba.
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el 16 de julio de 2026, “concluye que la Ley de Amnistía no choca con la normativa comunitaria y allana el regreso de Puigdemont”. Y el día 17 no ha pasado nada. Los ciudadanos nos percibimos sanos o enfermos como en días anteriores. Te casas un 16 de julio y el 17 haces las mismas cosas que hiciste el 16. Prácticamente.
Y, si el día 19, domingo, los jugadores de las dos selecciones que competirán en el último partido, la final del Campeonato del Mundo, conocerán las consecuencias de haber medido su pujanza al tocar la gloria, ocurra lo que ocurra para cada uno de los equipos, independientemente de las alegrías de unos y las tristezas de otros, el día 20 la guerra de Ucrania, y la del estrecho de Ormuz...
Nunca pasa nada el día después. Nada que tenga demasiado que ver con lo que nos encandiló el día precedente. Podemos aparcar la euforia hasta nueva orden. Es decir, tendremos que pagar, salvo que no haya parquímetros allí donde estacionemos el entusiasmo.
Me destoso.
https://plainshumanities.unl.edu/encyclopedia/doc/egp.tra.023.html
https://www.elmundo.es/espana/2026/07/16/6a5894afe9cf4a42658b45a2.html
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.




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