USANZA
Buenas noches nocturnas… Estuve examinando algunas publicaciones en internet para averiguar ciertos asuntos. Quería saber qué era Substack. Tania López García, muy partidaria de esta marca según lo publicado en la edición digital de la revista *Vogue* en junio de 2025, no me sedujo, pese a lo detallado de su informe y a su entusiasmo promocional. Como no lo hacen quienes, indisimuladamente, se proponen venderte la moto. No porque sea feo proporcionar ese tipo de servicios: es que, cuando la información a obtener lleva los revestimientos del negocio sin que se haya solicitado participar en esa parte de la transacción, todo lo bueno que pueda haber deja de interesarme.
López García expone:
«Fundada en 2017 por Chris Best, Hamish McKenzie y Jairaj Sethi en respuesta al cambiante panorama mediático estadounidense, Substack se perfila como un soplo de aire fresco para una audiencia que añora los blogs de la época anterior a las redes sociales. Basado en una red de *blogging* clásica que fusiona además el concepto más íntimo de *newsletter*, Substack cuenta además con personalidades en el mundo de la literatura que confirman su estatus de plataforma a considerar».
En términos prácticos, se trata de una plataforma para creadores de contenido destinada a establecer un rendimiento mejor, porque se obtengan más seguidores o se generen ingresos cuantiosos.
Conocía algo de todo esto a partir de la intervención de algunas personas ligadas a estos nichos de comunicación en pódcast, y la curiosidad originada en estos protagonistas me llevó a suscribirme, gratuitamente, a varias de las emisiones que periódicamente se publican.
En mi correo apareció «Tres luciérnagas», de María Sánchez, quien escribe acerca de distintas cosas.
En el, digamos, capítulo XII, la autora se refiere a dos colecciones de cuentos: los de Eudora Welty y los de Julie Hayden. Valora «Sendero trillado», una pieza de la ganadora del Premio Pulitzer en 1973 —la primera de estas dos anteriormente citadas— y reflexiona en los términos que comparto enseguida y he considerado importantes:
«Puede que preguntarse por un camino no signifique siempre preguntarse hacia dónde nos llevará. El sendero que pisa Phoenix está gastado porque lo ha recorrido muchísimas veces. Es el mismo trayecto, una y otra vez, atravesado por un cuerpo que cambia aunque el camino parezca siempre el mismo. Tendemos a pensar que repetir es quedarse, no atreverse, no cambiar. Sin embargo, basta mirar alrededor para descubrir que buena parte de la vida depende precisamente de quienes no dejan de llevar a cabo una repetición. Alguien camina cada día hasta una casa, un hospital, una frutería o una escuela. En estos recorridos van bolsas, medicinas, llaves, recados, cuerpos cansados, fiambreras, listas mentales, lejía, trapos de limpieza, horarios y nombres propios. ¿Por qué no son grandes viajes si cargan con partes de nuestras vidas?».
Este modo de pensar supone, según declaro por enésima vez, una aproximación a mi propia manera de ver las cosas. La rutina, tanto más denostada por el imperio de quienes necesitan expansión y nuevas aventuras a tiempo completo, es fructuosa porque facilita un suelo seguro, una orientación automática y la puesta en juego del ingenio para comprender que, aunque todo parece igual, nunca lo es del todo.
Por suerte, todos cambiamos. Los seres y las cosas. La vida, además, no está compuesta por secciones estancas. La interrelación con lo que nos rodea es evidente. Por mínima que sea. Y, luego, queda la percepción individual, ese conjunto de sentidos que produce experiencias incluso opuestas.
Por lo tanto, en la repetición, sin empecinamiento, hay alguna calidad que, según el temperamento de los individuos, puede ser útil y, sobre todo, alentadora.
Me destoso.
La imagen se obtuvo gracias a los servicios que proporciona GEMINI.




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