¡ESTE ES MI SITIO!
Al parecer, aquello que conocimos quienes seguimos las emisiones que dieron lugar a la serie de televisión *The Big Bang Theory*, cuando Sheldon Cooper insistía en sentarse siempre en la misma parte del sofá que formaba parte del mobiliario de la casa que compartía con Leonard Hofstadter, se sustenta, o puede estar justificado en la realidad.
Para quienes ni siquiera de oídas sepan a qué me estoy refiriendo, interrumpir esta noticia para proporcionar un sucinto mapa o indispensable referencia puede que sea un impás que agradecer.
Sheldon y Leonard son científicos. Se conocen porque el primero pone un anuncio en busca de compañero de piso. Una vez llegan a un acuerdo —que impone Sheldon—, Leonard se instala en un lugar, fantástico a su parecer, en el que el mobiliario de la sala principal de la vivienda se reduce, casi, a dos butacas de playa frente a un televisor. Por supuesto, Sheldon advierte a su nuevo compañero que en una de las dos se sienta, siempre, él.
Sin embargo, un día, el físico teórico regresa a la casa y se encuentra un sofá y a dos nuevos personajes: Raj y Howard. Leonard informa del suceso y, luego de alguna controversia, Sheldon ocupa un lugar en el sofá, precisamente el que ha quedado vacante, puesto que los amigos de Leonard permanecen sentados en dicho mueble. Esto no satisface del todo al muchas veces impertinente anfitrión. Es por eso que fuerza a los otros a intercambiar posiciones con él hasta que encuentra el asiento definitivo: el lado izquierdo de la pieza.
Según Sheldon, “el extremo izquierdo del sofá es mejor que cualquiera de las otras posibilidades porque, en invierno, ese asiento está lo suficientemente cerca del radiador para mantenerse tibio, y no tanto como para causar transpiración en verano; también recibe el soplo de la brisa que se crea al abrir las ventanas del apartamento, y está situado frente a la televisión en un ángulo que no es tan directo como para desalentar la conversación, ni tan lejano como para crear una distorsión paralela”.
Pues bien, Antonio Señán, en *La Razón*, proporciona un artículo en el que menciona “la ciencia del comportamiento”.
En una publicación de UNICEF aparece lo que anoto a continuación acerca de este concepto:
“El campo de las ciencias del comportamiento busca comprender los misterios del comportamiento humano: por qué buscamos bocadillos poco saludables cuando estamos haciendo una dieta, nos olvidamos de pautar citas para las vacunas periódicas, postergamos los análisis de VIH o ETS indefinidamente, omitimos dosis de los medicamentos para la hipertensión, dejamos las redes para mosquitos plegadas en una esquina o no ahorramos para nuestras necesidades cotidianas. Las ciencias del comportamiento toman conceptos de la psicología, las ciencias cognitivas, las ciencias sociales y la economía para comprender la relación entre nuestras cualidades humanas innatas y el contexto en el que vivimos, a fin de alentar e inhibir el comportamiento”.
Ahora que ya sabemos a qué se refería el articulista, vamos a examinar sus observaciones. ¿Y qué dice? Que estas ciencias están interesándose por aquellos “pequeños gestos que solemos pasar por alto, como la fijación por ocupar una determinada silla en las comidas familiares, en la oficina o en nuestro local favorito. Detrás de esta pauta repetitiva no hay únicamente inercia: según los terapeutas, responde al deseo subconsciente de amortiguar el estrés cotidiano mediante un entorno predecible y seguro”.
Esta necesidad de seguridad y control casa con el imaginario de Sheldon Cooper. Cuando visita otro lugar, tiene que averiguar cuál es la mejor opción para sentarse y, a ese fin, primero debe adquirir familiaridad con las densidades de los cojines, patrones de corrientes de aire y dispersión de la luz. Son cálculos imprescindibles, ya que importa mucho el éxito de la decisión tomada. Es un proceso que requiere demora y, por ello, origina incomodidad entre quienes le acompañan.
Con todo, regresemos al artículo de Señán…
“Garantizarse una posición concreta dentro de una estancia funciona como un ancla emocional que ayuda a mitigar la incertidumbre del entorno social. Al adueñarse de esa pequeña parcela física, el individuo proyecta una señal no verbal de asentamiento que le permite encarar las interacciones de grupo con menor tensión. Esta necesidad de reafirmar el propio rol guarda estrecha relación con las dinámicas de estatus y la consolidación de las habilidades sociales en entornos colectivos”.
Tal y como lo veo, preeminencia como la de un rey, que se sienta en el trono, o como, antiguamente, el cabeza de familia, siempre situado en un lugar, el mismo, de la mesa. En ambos casos, la constancia de un poder. En el de personas como el imaginario Cooper, también una necesidad.
Yo prefiero, no obstante, el lugar al que se me asigne. Y, si en el ámbito privado suelo ponerme, por operatividad, en los mismos lugares, no tengo inconveniente alguno en modificarlos si se presenta la ocasión. No es nada que me afecte hasta la tragedia.
Como Sheldon, prefiero el control, saber qué suelo piso, con qué gentes estoy, qué se puede esperar de esta situación o de otras. Pero, antes de imponer algo, prefiero la retirada.
No he sido rey ni cabeza de familia, y mi coeficiente intelectual está muy por debajo —¡mucho!— de los 187 del genio tejano. Así que nadie tiene noticia de que puedan estar reservados para mí ciertos privilegios, y llevarán razón si piensan que no existen.
Y ahora me levanto de mi butaca de todos los días para ocupar la silla de siempre en la mesa de la cocina.
Ah, y quien fue a Sevilla perdió su silla; quien fue a León, su sillón; y su sofá, quien fue a Bogotá.
Me destoso.
https://bigbangtheory.fandom.com/es/wiki/Sitio_de_Sheldon
https://www.sbcguidance.org/es/comprender/ciencias-del-comportamiento-aplicadas
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.




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