ILUSIONES SOBRE RUEDAS


Buenas noches nocturnas… No sé ahora mismo si existirán experiencias humanas carentes de inconveniencias. Tiendo a pensar que eso no es posible y que el confort consiste en admitir de buena gana todo aquello que nos incomoda. Pero, como esa clasificación del dolor que se estima más o menos grave dependiendo de la percepción de cada uno, así varían las medidas y la valoración de aquello que situamos entre la molestia y lo inadmisible.


Pensemos en algo para lo que tenemos unas expectativas muy grandes, que nos produce ilusión, como suele decirse. En esas instancias permanecemos cautivos de la esperanza. Creemos en el porvenir como quien imagina estar a un paso de traspasar el umbral de lo maravilloso.


Después, una vez en ese más allá, tal vez las cosas ocurran de otro modo, sin que, en realidad, se alejen de lo previsto. Puede que, simplemente, no estuviéramos preparados.


Acontece, en estos casos, la desilusión. Tomemos el mismo relato que facilitan Ana Ruiz y Andrea Farnós, hoy, en *El Confidencial*. Examinan el mundo de quienes optan por desarrollar su presente y su futuro mediante una vivienda rodante.


Indudablemente, a muchos les va de maravilla, pero a otros no…


«Lo más duro es estar cuatro personas en un espacio tan reducido. Tienes que hacer vida dentro. En las áreas de descanso no puedes sacar mesas y sillas, y aunque pudiera… ¿para qué? Es un puñetero parking», reseña. La idea de pasar sus días de descanso en un área de servicio de una carretera autonómica no le terminaba de convencer. Solsona y su familia salieron con la furgoneta desde Valencia, pasaron por Huesca y terminaron en Girona. «No puedes casi parar», explica, argumentando que solo contaba con siete días para hacer todo el recorrido. «No repetiré, seguro. Mi mujer… si quiere volver, me divorcio y que venga con otro», cuenta entre risas.


El artículo recoge otros testimonios similares y detalla la problemática que existe, sobre todo, para quienes circulan con la idea de instalarse, provisionalmente, en cualquier lugar.


Por supuesto, muchas otras personas encuentran leves obstáculos en todas aquellas cosas que individuos semejantes a los nombrados perciben como trágico mal.


En mi opinión, pues nunca observé aliciente alguno en esta manera nómada de vivir, si no tuviera más remedio que pasar el resto de mis días bajo el techo de un vehículo, preferiría que fuera en compañía de una sola persona más. De hecho, es mi límite. Si la mesa ha de recibir a más comensales, que sea con la garantía de que, tras un prudente tiempo de sobremesa, los “extraños” abandonen el castillo.


Además, aunque los viajes no me disgustan, enseguida quiero regresar a mi casa o, en su defecto, abandonar el lugar en el que estoy de forma eventual.


Mucho ha de cambiar en el cerebro de las personas para proponerse iniciativas que conllevan una forma muy distinta de conciliar lo doméstico y ejecutarlo.


Bastante, porque disponer de un camión que se traslade a través de las carreteras del mundo de un lugar a otro o deambule por el perímetro de una ciudad pudiera ser una alternativa para todos esos jóvenes acuciados por el problema de la vivienda.


Nadie lo ha sugerido y me extraña. Cosas mucho menos ocurrentes se dan a conocer y triunfan. Sería suficiente con disponer de grandes recintos situados en los extrarradios de las ciudades, a un paso del transporte público, para que la gente pudiera dirigirse a su trabajo sin tener que cargar con su casa. Unas explanadas que dispusieran de los servicios mediante los que lograr carburante, energía eléctrica, letrinas y alcantarillado y espacio para establecer cierta parte de la vida en el exterior si así se desea.


Y, aunque esto ya está inventado y se llama camping, tutelado por las distintas administraciones, pondría muy contentos a los empresarios que viven de la venta y distribución de este tipo de habitáculos y de otras empresas que surgirían a la sombra de una iniciativa como la expuesta.


Por supuesto, del mismo modo que los que se dedican a pintar paredes, con mayor gusto o ausencia absoluta del mismo, odian intervenir en muros que no estén sujetos a prohibición, los interesados en una vida móvil desdeñan pasar por el aro de las instalaciones oficiales.


O sea… ¿irresoluble?


Me destoso.



https://www.elconfidencial.com/espana/2024-09-06/viajar-en-camper-una-experiencia-para-no-repetir-nunca-me-arrepiento-desde-que-sali-del-parking_3949704/?cx_testId=29&cx_testVariant=cx_1&cx_artPos=0&cx_experienceId=EXW78KFRW6MZ&cx_experienceActionId=showRecommendationsE5CNJI7DXAI501N&cxTrackingId=%7Bkpdx%7DAAAAw4hWoFvzbAoKUmp6NnhVWUNLZhIQbXQ1cGM5ZWNieDVxbTE4dRoMRVhXNzhLRlJXNk1aIiUxODA3NDVnMGU4LTAwMDAzODFlOWsxNnY0czc2bzYzbWQ5ZDgwKiJzaG93UmVjb21tZW5kYXRpb25zRTVDTkpJN0RYQUk1MDFOUhJ2LW0A8DJnbWhwd3JobzhaJzJhMGM6NWE4NDpkMzBiOmNjMDA6MzA4Mzo2YjRlOmQwY2Y6NTY3ZGIDZHdmaLnLsNQGcCN4GA#cxrecs_s



La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI.





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Segunda:


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En el Canal Burçin Music

https://www.youtube.com/watch?v=6dNSxPHGUlk



Tercera:


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En el Canal Hermanos Cubero

https://www.youtube.com/watch?v=Rpr8rvn0S3I
















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