LAS VACACIONES DEL SAURÓPSIDO
Ahora que los medios de comunicación insisten en ofrecer noticias —que no lo son, porque se confeccionan con lo que ya se sabe— relacionadas con el final de las vacaciones y los problemas que origina regresar al trabajo, cosa que debiera entusiasmar a las personas porque no todos pueden acreditar que disponen de recursos mediante los que ganarse la vida, servidor se ha ido a dar un garbeo por el mundo.
Sin moverme de mi butaca en casa.
Y aquí estoy, frente a una ventana desde donde observo el paseo Forodhani y el puerto de Stone Town, en Zanzíbar. En estos instantes, las nubes cubren el cielo y predomina la grisura. No parece que vaya a llover, pero, bueno, no se fíen de mí: la realidad es que las estadísticas dicen que mi tasa de aciertos en este tipo de pronósticos es, sencillamente, lamentable.
Algunas lanchas, pequeñas, se acercan o se alejan del muelle. Viajeros, turistas, quién sabe.
No se ve demasiada gente desde esta posición. No ocurre nada extraordinario. He venido aquí porque es un lugar exótico. Digo, alejado de la cultura que conozco. Espero, en las siguientes horas, disfrutar de algo particularmente atractivo, pero todavía no sé qué.
He sabido que Stone Town es la parte antigua de la ciudad de Zanzíbar, capital del archipiélago homónimo en Tanzania. Fue la capital del sultanato de Zanzíbar y un importante centro del comercio de especias y de esclavos en el siglo XIX. Durante el protectorado británico mantuvo su relevancia como ciudad principal y posteriormente se convirtió en la sede del gobierno local cuando el sultanato se unió a Tanganica para formar Tanzania.
Está ubicada en una península triangular en la costa oeste de la isla y tiene una extensión de 96 hectáreas. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000 por la trascendencia cultural suajili. Entre sus principales atracciones turísticas se encuentran la Casa de las Maravillas, el Palacio del Sultán y el Fuerte Viejo.
¿Serán mis próximas citas? No lo sé. He preferido dejarme llevar. De momento solo miro por esta ventana y leo cosas como esto que he facilitado de manera resumida.
A pesar de haber consultado las publicaciones en línea que proporciona la UNESCO, apenas aparece información más allá de lo nominal. Me extraña, pero es lo que hay. A cambio, me remito, para compartir ahora, a lo que una usuaria publicó en Rexby: una plataforma y aplicación de planificación de viajes que ofrece guías digitales, mapas interactivos y recomendaciones creadas por expertos y creadores de contenido especializados en este tipo de actividades.
Por tanto, Irene Pila dice:
«Stone Town es una ciudad antigua de Zanzíbar, Tanzania, famosa por su mezcla única de influencias árabes, persas, indias y europeas. Su arquitectura, que en su mayoría data del siglo XIX, refleja las diversas influencias culturales que han contribuido a la cultura de la ciudad. La piedra de coral es el principal material de construcción utilizado, lo que le da a la ciudad su característico color rojizo-cálido. El corazón de Stone Town está formado por calles, casas, tiendas, bazares y mezquitas alineadas en callejones estrechos, mientras que el paseo marítimo tiene calles más grandes y anchas. Entre los lugares de interés notables se incluyen edificios y sitios históricos como antiguos palacios de sultanes, fortificaciones, iglesias y mezquitas».
Ya sé algo más, puedo hacerme una idea y, luego, si me apetece, tomaré una decisión acerca de lo que hago por la tarde.
Mientras, como entre las informaciones que he manejado se menciona la cultura suajili, investigo. Los resultados de estas pesquisas son:
La cultura suajili parte de una identidad mestiza originada en la costa del océano Índico, desde Somalia hasta Mozambique y las islas como Zanzíbar. Su «correa de transmisión» es el idioma kiswahili, una lengua bantú con fuerte influencia árabe. Se trata de una sociedad fundamentalmente urbana y comercial, forjada en prósperos puertos que conectaron África con el mundo árabe e indio. El islam es su religión principal, con la que se fusionan creencias ancestrales africanas. La arquitectura de estos territorios sobresale por un uso único de coral y madera, con elaboradas puertas talladas. La poesía, la música *taarab* y una gastronomía que mezcla especias, arroz y pescado —mal rollo para mí, por lo segundo— cierran este resumen de lo que supone aproximarse a los seres humanos que viven en esta parte del mundo.
De todas maneras, ya que estoy considerando el lado menos práctico de la existencia, tengo un cuento. Los cuentos enseñan muchas cosas, aunque no necesariamente relevantes.
Leo que se titula «El mono y el cocodrilo». Al parecer, pertenece al acervo tradicional africano —que forma parte del folclore popular en África Oriental— y es una fábula que, en su origen, se entrelaza con relatos ancestrales como el *Panchatantra* de la India, sirviendo tanto para el entretenimiento como para la enseñanza de valores morales y el aprendizaje de la lengua suajili.
Entonces, un mono vive en un frondoso árbol lleno de frutas a la orilla de un río y entabla amistad con un cocodrilo porque comparte sus alimentos con el reptil.
El cocodrilo, fruto de este entendimiento, invita al mono a cruzar el río. Desea regresar a su casa a fin de pasar algo de tiempo con su esposa.
En un principio, el amigo arbóreo declina tal posibilidad. El cocodrilo, sin darle tiempo a sopesar el asunto, actúa con persuasión: dispondrá de plaza segura sobre los osteodermos de su coraza sin que se le moje un pelo; no debe temer nada.
Sin embargo, a mitad del trayecto en aguas profundas, el servicial capitán de sí mismo confiesa sus verdaderas intenciones: su esposa suele exigir, cada vez que recibe a su marido, el corazón de un mono al que no se haya dado caza.
Pese al pánico que experimenta tras escuchar al cocodrilo, el mono mantiene la calma y habla con su anfitrión en aparente armonía.
Admite cómo son las cosas, comprende las circunstancias y, precisamente por la amistad que los une, acepta su destino. Eso sí, deben retroceder:
«Los monos dejamos el corazón en la copa de los árboles antes de salir de viaje. Es un órgano muy frágil y no conviene ir con él de allí para acá y que se deteriore».
El cocodrilo, con mucha educación, responde que no hay ningún inconveniente en regresar porque los amigos lo merecen todo y las cosas han de hacerse con absoluta rectitud.
Después, cuando llegan al lugar donde se conocieron, justo al tocar la orilla, el mono trepa velozmente a una rama alta y desde allí se dirige a la inocente bestia:
«Estás acorazado, tienes mandíbulas como sierras de leñador y muy poco —muy poquito— cerebro: ¿acaso no sabes que los monos no tenemos corazón?».
En fin, este cuento, efectivamente, es enseñanza y, como cocodrilo burlado que soy, dejo estas tierras africanas. Regreso a mis lugares de sol y de acecho. Han sido unas vacaciones breves. Una ficción basada en hechos reales pensada para merendar, aunque me haya quedado sin bocado. La noticia de esta noche será la caída y abandono, por considerables lesiones, del hasta ahora líder de la Vuelta a España 2026, el esloveno Tadej Pogačar. Pero cuando los cocodrilos fallamos, y nuestras presas consiguen que fracasemos muchas más veces de las que querríamos admitir, los reporteros encargados de interesarse por lo que sucede en el mundo evitan acercarse para hacer preguntas. Esa suerte que tenemos, porque si no…
https://es.wikipedia.org/wiki/Stone_Town
https://whc.unesco.org/es/list/173
https://www.rexby.com/es/irenepila_/ttd/unique-multicultural-heritage-city
https://losviajesdeaspasia.com/2018/04/27/swahili/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GROK.





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