LOS LEVITANTES


Buenas noches nocturnas… Todavía se desconoce el origen, el individuo cero —si aplicamos a esto la terminología utilizada en las epidemias y otros casos de falta de salud masiva— y la razón exacta por la que algunas personas han adquirido una facultad individual detectada socialmente hace no demasiado tiempo.


Me refiero a los llamados «levitantes»: personas capaces de permanecer o desplazarse a una altura máxima de unos 15 centímetros del suelo. Esto empieza a transformar tanto la vida de las personas solas como de las comunidades, aunque no es motivo para concluir que nos estemos convirtiendo en una especie al margen de la fuerza de la gravedad ni que equivalga, realmente, a volar. Algunos, no es otra cosa, se valen de una alternativa consistente en prescindir del «anclaje» que supone entrar en contacto con la tierra firme.


Pero ¿cómo es esto posible? Los científicos consultados discrepan en muchas de las valoraciones efectuadas hasta ahora. Pero existe cierto consenso. Coinciden en definir las capacidades de estos seres humanos como el poder de suspenderse sobre todo plano, sin coste apreciable una vez alcanzada la máxima altura.


¿Quiere decir que se trata de un gesto mágico? Ni mucho menos. Existen unas reglas, determinados músculos implicados, al parecer, y una distribución de energía que tiene su coste.


El levitante común no tiene que gastar energía necesariamente para soportar su propio peso una vez suspendido sobre el suelo. Como una persona, digamos, estándar, tampoco ha de realizar un gasto energético enorme —a personas sanas me refiero, claro— para mantenerse de pie. Los músculos posturales trabajan de manera continua, pero el coste es relativamente pequeño.


Sin embargo, en comparación con los seres humanos de batalla, que somos usted y yo, sí que registran un ahorro energético cuando desarrollan su vida cotidiana y emplean esta habilidad en determinadas ocasiones: caminar sobre terreno irregular; superar ciertos obstáculos —como subir escaleras—; mantener una postura concreta; permanecer de pie durante mucho tiempo; algunos trabajos físicos…


Y, especialmente, cuando hablamos de locomoción.


Para hacer una ruta a pie, tenemos que acelerar y desacelerar continuamente partes de nuestro cuerpo y elevar ligeramente su centro de masas con cada paso. Un levitante podría desplazarse manteniendo el cuerpo a una altura invariable. Están obligados al gasto energético necesario para desplazarse en horizontal, pero, en principio, nada más.


Los especialistas consultados especulan con la posibilidad de que, en el futuro, se puedan potenciar todos estos rasgos de la especie. Aventuran que los estudios realizados hasta el momento, y los que vendrán, pueden ser un punto de partida para obtener mejores rendimientos de la técnica de desplazamiento de los levitantes mediante procesos de ejercitación. Profesionales de otras disciplinas conocerán lo suficiente como para proponer entrenamientos que afectarían a la condición diaria y a las posibilidades deportivas.


No obstante, ahora mismo se está produciendo un indeseable problema. En cuanto han aparecido unos cuantos famosos que se declararon capaces de levitar a voluntad, tras las primeras manifestaciones de admiración y de sorpresa, están sucediendo episodios de rechazo que tienen que ver, primero, con la clasificación de las personas.


¿Qué son?, se pregunta la gente: ¿están haciendo algo peligroso? ¿Se trata de un truco? ¿Es una habilidad adquirida? ¿Son mutantes? ¿Están enfermos? Si lo están, ¿padecen algo contagioso? ¿Es hereditario? ¿Hablamos de una amenaza?


Por otra parte, no se puede descartar una inmediata reacción al margen de la ciencia. Al parecer, la levitación tiene una carga simbólica extraordinaria. Durante miles de años, elevarse físicamente del suelo ha estado asociado culturalmente con lo sagrado y la espiritualidad, las manifestaciones paranormales, la brujería, lo monstruoso o incluso los extraterrestres. Por tanto, cuando aparece el primer ser humano que se separa del suelo delante de otros, ocurre algo inquietante, sospechoso que, en muchos casos, por causa de miedos atávicos o ideológicos, mueve a la autodefensa irracional.


Habrá que dar muchas respuestas y proponer una figura de autoridad indiscutible, individuo o institución, que permita ofrecer transparencia y razones lógicas que no dejen lugar a dudas. No un portavoz, por cierto: alguien que, por su trayectoria o prestigio, resulte no solo de confianza, sino de probada responsabilidad.


Para una ocasión venidera abordaremos otros detalles de la vida de los levitantes, puesto que esto solo ha sido un somero análisis de las particularidades que afectan a un grupo de personas en el mundo —aún sin estimar fehacientemente—, cuyas aportaciones e inconvenientes conviene conocer, comprender y validar.


Me destoso.



La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.





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Segunda: 

Sam Smith - Cuando se vaya | Later... with Jools Holland

En el Canal SAM SMITH

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Tercera:


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En el Canal Magalí Sare

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