LA ANTORCHA SE APAGA Buenas noches nocturnas… Estuvo sospechando que era eso lo que ocurría. Sin embargo, pensó que se trataba de algo circunstancial. Como el estado del clima: unos días luce el sol sin inconvenientes meteorológicos y otros se apresura la tormenta a manifestarse con esa falta de escrúpulos solo equiparable a los rigores más volcánicos del estío. En todo caso: ni ratas, ni ratones, ni cucarachas, ni termitas, ni arañas, ni moscas, ni mosquitos, ni hormigas, ni ácaros, ni polillas, ni chinches, ni pececillos de plata. Algo gordo debía estar cociéndose dentro del edificio cuando tantos habían desaparecido a la vez. Eso, o un puente festivo, o unas vacaciones. Quién sabe. La fauna también tiene derecho, ¿no? Los animales aparecen en tantas manifestaciones del arte humano que es imposible olvidarlos. De cuando vivió en el pueblo, y de los gallos y las gallinas, y de la cobardía y de lo valiente, recuerda aquellos versos de Quevedo: ¿Adónde, Pedro, están las valentías...