ALFILERES
Buenas noches nocturnas… Suele medir entre 1 y 3 metros de altura. Un alfiler, concretamente. En Cuba, no porque sí tierra de gigantes, aunque, sin duda, existen entre la población personas de considerable alzada. Con esto quiero tranquilizar a los lectores, puesto que, con razón, por lo que aparecerá en este comunicado acto seguido, no estoy pensando en una lanza de la que nos serviríamos personas de talla mediana. Digo un alfiler. O, mejor, un “alfiler”, nombre que se le da en la isla ahora “sitiada” por la llamada “administración Trump” a un árbol perteneciente a las especies botánicas Belairia ternata y Belairia spinosa, hoy incluidas en el género Pictetia. Se trata de un arbusto silvestre perenne y espinoso endémico de la patria de José Martí. Destaca por su adaptación a terrenos difíciles y su madera es de extrema dureza.
Pero ¿qué ocurre con los alfileres? Digo con los alfileres auténticos, esos que en el diccionario se describen, en singular, de este modo:
«Clavo metálico muy fino, que sirve generalmente para prender o sujetar alguna parte de los vestidos, los tocados y otros adornos de la persona».
Me atuve a lo que figura en la primera acepción de la palabra. Porque transitar por el significado de este sustantivo es iniciar un viaje fascinante.
Los alfileres, además, tienen su historia…
«Hace cuatro mil años, los sumerios fabricaban alfileres rectos de hueso y de hierro. Existe documentación al respecto en textos de la época de las agujas con ojo para coser y de los alfileres con cabeza. Conocieron este práctico y diminuto artilugio todas las civilizaciones del mundo antiguo: babilonios, asirios, persas, indios, chinos y egipcios».
«Se trataba de alfileres muy sencillos, a modo de espigas puntiagudas rematadas en cabeza formada por el retorcimiento de la varilla metálica de la que estaban hechos. Se empleó en su elaboración el bronce y luego el hierro, como muestra la gran cantidad de alfileres de aquellos tiempos encontrados en excavaciones arqueológicas alrededor del mundo».
«En Grecia y Roma alcanzó tanta popularidad que se generalizó su uso. Hombres y mujeres sujetaban sus túnicas a la altura del hombro con un alfiler o fíbula, esta última más parecida al imperdible».
Además, los alfileres han sido parte de la infancia, sobre todo femenina, cuando había que jugar. En ese caso, los alfileres de cabeza redonda y distintos colores recibían el nombre de *bonis*. Las muchachas doblaban los alfileres por la mitad, los depositaban sobre una superficie plana y, o bien los empujaban soplando, o lo hacían mediante el impulso conseguido al utilizar la uña de un dedo. El objetivo era que los alfileres propios quedaran encima de los ajenos, cosa que, de suceder, era respaldo para la obtención en propiedad del alfiler dicho.
No obstante, con tantos alfileres, debía terminar este itinerario acercándome a Toledo. Y, en la capital de Castilla-La Mancha, tiene mucho predicamento la Virgen de los Alfileres…
Doña Soledad de Vargas, una joven noble, se enamora del valiente alférez don García de Ocaña, quien parte hacia las Indias tras prometerle amor eterno. Sin noticias de él durante meses, la muchacha decide intensificar sus oraciones y, para ello, comienza a rezar ante una pequeña imagen de la Virgen situada en una hornacina cercana a su casa.
El cansancio hace que a veces se quede dormida durante el rosario, por lo que ordena a su dueña, doña Mencía, que la despierte clavándole un alfiler cada vez que el sueño la venza. Cada alfiler utilizado lo deja como ofrenda entre los barrotes de la hornacina. Y así, noche tras noche, se acumulan los alfileres mientras ella persevera en su devoción.
Finalmente, don García regresa sano y salvo tras sus campañas y hay boda. Desde entonces, la hornacina —la actual Virgen de los Alfileritos— quedó asociada a las peticiones amorosas, y las mujeres de Toledo continúan dejando alfileres como símbolo de sus deseos y esperanzas.
En fin, desconocía esta leyenda, de la que supe gracias a una conversación entre Rafa Latorre y David Mejía a cuenta de la sección del programa *La Brújula*, que dirige el primero, llamada «El Ambigú», donde el segundo propone temas de los que hablar. Como ese día *La Brújula* se desarrolla en la ciudad por la que pasa el Tajo, se mencionaron sitios y lugares y no me he podido resistir: como uno de esos chuchos que olisquean el planeta en busca de algo de su provecho, cuando algo me seduce recabo información y junto mis humildes palabras. Esto fue.
Me destoso.
https://www.asale.org/damer/alfiler
https://curiosfera-historia.com/historia-del-alfiler/
https://www.rae.es/tdhle/alfiler
https://lospanderosdelramo.blogspot.com/2013/04/juegos-populares-los-alfileres.html
https://www.leyendasdetoledo.com/virgen-de-alfileritos/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.
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