ELOGIO Y TEMOR DE LA LLANURA


Buenas noches nocturnas… Se distinguía por poco. Una variación de gris separaba, a mis ojos, las aguas de la evanescencia atmosférica. Una ilusión. A falta de oleaje —digo, de rodillos en verdad voluminosos—, el imperio líquido era manifiestamente llano. De no haber sido por la distinción a la que aludí, a los efectos de mi conciencia ninguna otra cosa podría existir, incluso más allá de donde me alcanzaba la vista, que no fuera plano.


A un caminante que no se desplaza sobre las aguas, sino dentro de ellas, la quietud del elemento actúa como un facilitador. Que la jornada todavía no haya desatado su ira de fuego, como la que se dice que nos espera, es un factor que sumar y, de esta forma, salen las cuentas: lo que percibo en conjunto me satisface.


Por lo tanto, a pesar de la impertinente presencia de las expediciones arenosas provenientes de África, cabe contemplar, sin límites ni interposiciones, lo que confiere cierta tranquilidad.

He de admitir, por otra parte, que, metafóricamente hablando, considero la mar y la estimo semejante a un titán que puede adoptar mil formas —entre encantadoras y catastróficas—; nunca descarto que algo acontezca de manera inesperada. No es que piense en tiburones ni en otras criaturas de la fatalidad o del incordio: sospecho que existe algo peor, mucho peor, inimaginable y terrible.


Permanezco sumergido hasta la cintura, como mucho, porque calculo que mis temores —emanación irracional que debe comprenderse como un fenómeno característico que me distingue— no tienen visos de ser aprobados por el creciente racional de mi cerebro. Es esto lo que me sostiene y me permite atender a las sensaciones físicas sin más.

Pero, lejos de este imponente horizonte, que solo es uno de tantos, me interesé, más tarde, por las terrestres.


Meritxell Batlle Cardona, en el año 2023, para National Geographic, explicó que «el desierto de sal de Uyuni es una de las maravillas naturales de Sudamérica que se extiende a lo largo de 10.582 km² en el departamento de Potosí, dentro de la región altiplánica de la cordillera de los Andes. Concretamente, a 3.656 metros de altitud, ocupa la extensión donde justo hace 40.000 años se encontraba un lago prehistórico que se secaba estacionalmente, conocido primero como lago de Minchinnota y posteriormente de Tauca o Tauka».


Este enclave, una superficie perfectamente plana, durante la época de lluvias, cuando se cubre de una fina lámina de agua, queda transformado en un espejo infinito. 


Sin embargo, hay llanuras no desérticas. Tal vez pueda darse razón y tener a la que me referiré como la más grande porque, según figura en la Wikipedia, «ha sido descrita como la mayor llanura ininterrumpida del mundo de tierras bajas —más del 50 % está a menos de 100 m sobre el nivel del mar— y cubre un área de unos 2,6 a 2,7 millones de km², que es aproximadamente un tercio de Siberia». Se trata de la «llanura de Siberia Occidental».


Un territorio en el que nunca estuve y que, probablemente, en algunos casos, ha de ofrecer un espectáculo fantástico.


Y digo «en algunos casos» porque no estoy seguro de que las llanuras nos proporcionen estabilidad emocional, ni podría asegurar con certeza absoluta lo contrario: que supongan una fuente de exigentes preocupaciones.


Borges, en el cuento «El fin», dejó registrada esta frase:


«Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música».


Me examino, una vez constatado este parecer, y debo admitir que algo de eso sucede. La «llanura marina», aunque distinta de la que habla el extraordinario escritor argentino, se comporta como una voz dispuesta a expresarse y, sin embargo, porque esa promesa parece obedecer a otro código, ni importuna ni desmerece.


Chéjov, en su cuento «Champagne», describe lo siguiente en la voz de uno de sus personajes:


«En mí, que había nacido en el norte, la estepa me producía el mismo efecto que la vista de un cementerio tártaro abandonado. En verano, con su solemne calma —ese monótono canto de los grillos, esa diáfana luz de la luna, a la que no hay modo de sustraerse—, me sumergía en una tristeza melancólica; en invierno, en cambio, la inmaculada blancura de la estepa, su fría lontananza, las largas noches y el aullido de los lobos me oprimían el alma como la peor de las pesadillas».


La estepa, otra llanura de dimensiones que cuesta explicar con palabras inequívocas. En esta ocasión, origen de un cóctel sensorial que incluye la abulia, la irritación y el miedo: aunque de rasgos adversos que merecen una jerarquía, ninguno de ellos es más invalidante que los otros. Molestan, siembran la inquietud.


Así que no hay unanimidad. No hay concilio. La llanura puede aburrir, sobrecoger o pasar inadvertida. Tal vez todo dependa de la fecha, de la hora o de quien la contemple. No lo sé. He aquí la duda.


Me destoso.



https://viajes.nationalgeographic.com.es/a/el-salar-de-uyuni-de-bolivia-en-nueve-datos-fascinantes_17555



https://es.wikipedia.org/wiki/Llanura_de_Siberia_Occidental


https://borgestodoelanio.blogspot.com/2014/05/jorge-luis-borges-el-fin.html



https://ciudadseva.com/texto/champagne-chejov/?utm_source=chatgpt.com



La imagen se obtuvo gracias a los servicios que proporciona GEMINI y a la intervención editora de ChatGPT.






Selección gráfica del día...

Mamenina Blue en Instagram, 3 de julio de 2026


Mario Francisco Almaraz en Instagram 5 de julio de 2026



IAN MORA en Instagram 3 de julio de 2026



Selección de contenidos...

Primera:

Etta James Lauryn Hill mashup ft. Maiya Sykes & Ben Folds

En el Canal Scary Pockets

https://www.youtube.com/watch?v=9wNPug7h1gQ



Segunda:

The Charities - It's Not Our Time

En el Canal The Charities

https://www.youtube.com/watch?v=8NKHyVYiAF8



Tercera:

Carmen Ferre - Todo Saldrá Bien

En el Canal Carmen Ferre

https://www.youtube.com/watch?v=cgdQIKUFbMw

















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