LA OPORTUNIDAD DEL ACEBUCHE
Señores consejeros, muy buenos días.
Como principal accionista de la empresa, doy por iniciada formalmente esta sesión extraordinaria. Deben disculpar —y disculparán, conforme al escrito que tienen en su poder y queda a falta de su propia rúbrica— la premura con la que se dio aviso para esta convocatoria, pero los acontecimientos socioeconómicos urgen una intervención inmediata. Habremos de ser ágiles si queremos mantener las ventajas competitivas que nos proporciona un detalle informativo inesperado y, si lo hacemos bien, podremos consolidarnos, sin duda, como líderes indiscutibles.
El objeto de esta reunión no es otro que trazar una estrategia de actuación en dos sectores económicos opuestos y, no obstante, capaces de proporcionarnos ingresos inmediatos independientemente de las características de dichas áreas de negocio.
He pedido a nuestros asesores financieros y a la dirección de Desarrollo Tecnológico de Tejidos y Paños que nos acompañen en esta sala, porque lo que vamos a decidir hoy es trascendental para nuestra hoja de ruta de cara a los objetivos estratégicos futuros.
Quiero ser claro: la oportunidad es inminente y los plazos son impostergables. Se trata de una ventana de oportunidad que no podemos admitir como resquicio por el que se filtren otros interesados.
No he querido tomar esta decisión en solitario porque entiendo que una operación de esta magnitud requiere la visión y el respaldo de este consejo, porque lo dicen los estatutos, y mis abogados sugieren que me atenga a las formas procedimentales.
Pero antes, han de saber lo que ha ocurrido y nuestros objetivos a partir de ahora.
Recientemente, se han observado distintas maniobras en las cárceles españolas. Los reclusos tienen ganas de aventura y, vagos —como ustedes o yo, pues todos somos humanos—, en vez de urdir estratagemas solventes y novedosas, regresan a los usos tradicionales para escapar. Una de esas posibilidades delictivas consiste en descolgarse de los muros mediante sábanas anudadas. Lo hemos visto en el cine antiguo sobre todo, pero luego les mostrarán unas imágenes alusivas. El caso es que ahora se utilizan también para escalar.
Ayer mismo, en la cárcel de El Acebuche, en Almería, un preso realizó una de estas intentonas y se condujo conforme a procedimientos similares a los mencionados.
Según leí en el diario *El Español*: «El interno, de origen argelino y perteneciente al módulo 20 de la prisión, fue localizado en las inmediaciones del centro poco después de saltar el muro y trasladado de nuevo a su celda sin que se produjeran otros incidentes».
Fracasó. No todos lo consiguen, pero, verán: hablando con mi suegro llegamos a una conclusión útil: las instituciones penitenciarias —el Gobierno, por tanto— estarían encantadas de recibir materiales de abrigo y ropa doméstica que resultarán funcionales para aquello que supone su utilización diaria y, a la vez, tremendamente frágiles en el caso de que se pretenda una manipulación equivocada.
Este sería uno de nuestros objetivos: convencer a las administraciones de que nuestros productos van a dar el servicio acostumbrado y proporcionar disuasión. Los que pretendan la fuga comprenderán que con nuestra ropa de cama no se puede hacer alpinismo. Al menos no con la línea de productos que vamos a presentar ante las administraciones. Para estos clientes, nuestros productos serán rematadamente malos.
¿Significa eso que nos apartaremos de la senda de la calidad que siempre hemos tenido como norte? Ni mucho menos.
La mafia, la delincuencia organizada —desde la picaresca a la corrupción financiera—, necesita que en sus filas figuren personas aguerridas, capaces de soportar penalidades sin límite, pero con esperanza. Certidumbre de escapar en cuanto sea posible. A estas organizaciones destinaremos lo mejor de lo mejor: materiales mediante los que se puedan hacer todos los ochomiles del planeta uno tras otro. Ellos, sus organizaciones, en pugna con la otra parte —con los encargados de «alojar» a sus empleados—, se encargarán de que nuestros mejores productos estén disponibles para los reos afines.
Mi propuesta es firme, pero está abierta a los matices que consideren oportunos, pues necesito su mandato claro para cerrar la operación antes del próximo viernes. Es verdad que, como accionista mayoritario, tengo la potestad de hacer, más tarde, lo que crea oportuno, pero no puedo admitir que este consejo de administración se dé a la molicie.
Somos personas de dudosa catadura, pero irreprochables cuando afrontamos todo aquello que constituye nuestro sagrado deber.
Dicho esto, y para no demorar más la toma de decisiones, paso a ceder la palabra a nuestro director financiero a fin de que detalle el impacto en el flujo de caja, y acto seguido abriremos el turno de preguntas. Quedo a su entera disposición si necesitan que aclare cualquier tipo de duda… o no.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.




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