SEGÚN ASEGURAN, YA LLEGÓ
Buenas noches nocturnas… La noticia ofrecida por Carlos Alsina durante *La Cultureta* diurna —la “buena”, dice, porque por la noche, ya entrado el sábado, se emite la otra *Cultureta*, la llamada “Gran Reserva”, que es la de largo recorrido, “la espesa”— tiene que ver con W. Allen.
“También quiero comunicar a la audiencia, en este caso a la audiencia madrileña, que ya se encuentra entre nosotros Woody Allen, que va a rodar su película en Madrid a partir del día 5 de octubre. Que está haciendo localizaciones ya por la capital y ha sido visto en algunas de las calles más céntricas; parece ser que ha sido visto, por ejemplo, en la calle Cervantes, con sombrero de pescador y cara de despiste”.
Luego invitó a los oyentes a telefonear a la radio —asunto “He visto a Woody Allen”— para registrar las comunicaciones de este tipo de columbramientos.
Finalmente, desconozco si se recibieron llamadas y hubo testimonios; puede que sí, aunque no fueran emitidos. En ocasiones, estas convocatorias responden más a una intención retórica que a una práctica.
No obstante, estuve pensando en alguno de esos posibles testimonios…
La mamá de un niño de ocho años, residente en Tordesillas (Valladolid), pero ese día de visita en la capital de España por motivos familiares, cuenta que su hijo, mientras jugaba con unos primos en un parque, regresó corriendo del lugar en el que estaba y le dijo:
—Mamá, mamá, lo hemos visto.
—¿A quién, hijo?
—Al hombre flacucho.
A continuación, describió el descenso de una especie de cono plateado del cual salió un hombre de no más de un metro setenta de estatura —como su tío Vicente— y este ser también los vio a ellos. Se acercó y les entregó un clarinete de caramelo que, según les dijo, en caso de que lo conservaran hasta el día de hacerse músicos, interpretando con él cualquier melodía, podrían lograr, por ejemplo, entrar y salir de las pantallas de cine y vivir inesperadas aventuras.
—¿Y el clarinete?
—Alfonso se lo zampó de un par de bocados.
Alfonso es el hijo mayor de su hermana Gerónima, que pasa una mala racha por lo del divorcio y tiene problemas porque, aunque se ha quedado con la casa, acaba de saber que los propietarios —vive de alquiler— quieren subir la mensualidad hasta alcanzar precios de mercado, según la zona en la que reside, y eso va a triplicar lo que paga actualmente. Alfonso, además, es un niño gordo que come lo que no está escrito.
—¿Y Woody?
—El señor Allen desapareció por los aires, como había llegado, dentro de aquel cono “de refulgente plata”.
Según Paca, la señora de Tordesillas, su hijo es muy redicho. Declarado chavalín de altas capacidades, conoce la filmografía del astro neoyorquino al completo y la peli que más le gusta es *Septiembre*.
Puede que se pusieran en contacto con los responsables de la emisión radiofónica Dionisio y Estanislao, colombianos residentes en España, que viven en Arroyomolinos y acuden a Madrid a trabajar como empleados de una de las empresas vinculadas con la Dirección General de Servicios de Limpieza y Residuos del Ayuntamiento de Madrid.
Cuentan que, soplando hojas por la calle Bravo Murillo, cerca de las instalaciones de Druni Perfumerías, como salidos del gran escaparate, aparecieron unos destellos que fueron tomando cuerpo hasta advertirse como una aparición sólida. Una vez las luces se amortiguaron, vieron ante ellos a un varón bajito, de notable edad, vestido con una camisa azul, pantalones de tipo chino en tonos beis y zapatos de color ocre. Por sus icónicas gafas de pasta gruesa lo reconocieron.
Dionisio dijo a Estanislao:
—¿No es ese el tipo que hace de Woody Allen en la tele? Me refiero al presentador de las noticias del tiempo en la CNN.
Ellos dos siempre han sido de ver mucho la CNN, sobre todo cuando vivían en Estados Unidos. Un par de años. Mal.
Y Estanislao contestó:
—¡Qué va! Se trata del presentador de *Cifras y Letras*, Jordi Hurtado. Se le ve tan delgado porque, como sabes, la tele engorda.
Luego, el señor Allen, aparentemente al encuentro de los dos, dijo:
—Sí, soy yo, pero disimulen, disimulen.
Y poco después se alejaba sin importarle a nadie, como resultó indiferente la manera en que lo hizo. Si Homer Simpson acostumbra a retroceder contra un seto hasta ocultarse en el follaje, este amigo americano hizo otro tanto, pero desvaneciéndose al tiempo que se hundía en el suelo de Madrid.
Después hubo declaraciones sobre avistamientos en distintas líneas del metro, aunque no se precisaron ni los espacios ni los trayectos.
Tal vez personas como el anciano cineasta sean más una presencia que un ser tangible, verdadero. Puede que, al cabo, no sean sino una leyenda, una ilusión.
Me destoso.
https://www.ondacero.es/podcast/programas/mas-de-uno/cultureta/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.




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