SIEMPRE HAY UN CAMINO


Si se accede a la web de Onda Cero y se examina el contenido de las emisiones del programa matinal “Más de uno”, en la franja horaria que ahora defiende en solitario Carlos Alsina, habrá tiempo para escuchar “Qué tendrá que ver”. Como ya se sabe, al inicio de esta temporada, de seis a diez de la mañana, de la información general se ocupa Rafa Latorre.


Para explicar el contenido de ese segmento del programa al que aludí, nada mejor que remitirse a parte de lo que aparece escrito en la propia web...


«... cualquier concepto puede conducir a otro por sorprendente que parezca».


En el audio que escuché, partían de algo que fue la meta del anterior: los mejillones. En esta ocasión concluyeron con la ley seca. ¿La ley seca? Nadie se extrañe. Siempre hay un camino.


Con brevedad, los mejillones son moluscos bivalvos de concha oscura que viven adheridos a las rocas en el agua y constituyen un alimento muy apreciado por algunos. Por ejemplo, se comen cocinados al vapor, a la marinera, en paella o en conserva de escabeche. Por lo visto, son ricos en proteínas, hierro, zinc y vitaminas como la B12. Tienen dos valvas simétricas de color negro, azulado o marrón oscuro. Se sujetan a las superficies usando unos hilos fuertes llamados *biso*. Y, finalmente, son animales filtradores: abren sus conchas para tragar agua y capturar fitoplancton (partículas microscópicas).


Así que, como tengo unos mejillones, a pesar de lo poco que me gustan —cabe pensar que los aborrezco—, los pongo aquí como mi punto de partida para llegar a las castañas: cosas del otoño.


Antonio Gala, en su libro *La soledad sonora*, ofrece un pasaje en el que describe un largo periodo en el que dos personas, por complacer al otro, sostienen un extraño malentendido. En esa pieza, Gala dice:


«Fue aquella misma noche, y no lejos de allí. Debía de ser febrero, y hacía un frío lento y silencioso. Recuerdo el vaho que salía de su boca y el calor que salía de sus ojos. Se había cogido de mi brazo y, de pronto, se detuvo ante una casa especializada en mejillones. Con un cierto temblor en la voz, cuya causa me costó averiguar dos años, me preguntó: “¿Quieres que entremos?” Yo —y ahí estuvo la verdadera equivocación que originó las sucesivas— respondí, supongo que también con un cierto temblor: “Si te gustan los mejillones tanto como a mí...” “Más que a ti”, dijo, y empujó decididamente la puerta de cristal. Si la eternidad existe, me acordaré durante toda ella de las tres docenas y pico de mejillones que devoramos con la misma fruición que si nos estuviésemos haciendo el amor. Cuánta pasión, cuánta voracidad, qué gozo multiplicado el de vernos engullir el uno al otro... Cómo iba yo a confesarle que jamás en mi vida había podido ni ver ese acéfalo molusco incomestible, ese animalucho hermético y extraño, siempre entreabierto, o demasiado pálido o demasiado rojo, asido a un siniestro caparazón, y con un asqueroso moño de algas incrustado como estopa en sus laberínticas vísceras. Me sentía subir la arcada mientras comía más, más, más deprisa para acabar cuanto antes. Pero comía sonriendo, y solo la sonrisa de mi amor, que comía a igual velocidad, logró evitar que vomitara».


Como el escritor y dramaturgo cordobés, complazco a la vida acercándome a algo que me disgusta, porque conviene, de vez en cuando, exponerse a lo indeseable. Tal vez para dudar. Siquiera para reforzar el valor de lo que forma parte de los bienes aceptados por uno mismo.


Y voy, porque estoy con los mejillones, de la mar a las mareas, cuyos ciclos recuerdan a los de las estaciones meteorológicas. Por ejemplo, el otoño. Y, ya que estamos, hay que mencionar los bosques caducifolios. Los que no se han quemado durante este verano. Estos bosques, llegado el periodo que acabamos de estrenar, funcionan como se conoce naturalmente: caída de las hojas, aumento de la humedad y transformación del suelo en un entorno más fértil.


En consecuencia, los bosques caducifolios originan suelos húmedos, hojarasca y, conjuntamente, se dan las condiciones necesarias para que, cuando se produce la oportuna maduración, los frutos de cáscara dura caigan sobre blandito.


Y, entre los árboles que producen estos frutos, el castaño es uno de los más característicos a los que ahora podríamos prestar atención.


Si tenemos castaños, tenemos castañas. Como las de Neruda:


«Te decidiste,

castaña,

y saltaste a la tierra,

bruñida y preparada,

endurecida y suave

como un pequeño seno

de las islas de América.

Caíste

golpeando

el suelo

pero

nada pasó,

la hierba

siguió temblando, el viejo

castaño susurró como las bocas

de toda una arboleda,

cayó una hoja del otoño rojo,

firme siguieron trabajando

las horas en la tierra».


Teníamos mejillones, ahora tenemos castañas. Siempre hay un camino.  

Salvo donde no lo hay.


Castañas porque me apetecen castañas, debe ser.



Me destoso.






Selección gráfica del día...

J. L. MARTÍN en La Vanguardia 24 de septiembre de 2026



ALE GIORGINI en Instagram 18 noviembre 2025



STEVE MACDONALD en Instagram 22 noviembre 2025




Selección de contenidos...

Primera:

Strange Desire

En el Canal Buddy Miller

https://www.youtube.com/watch?v=lkGS_thyy2s&list=PLAL-aOlSyczA&index=3



Segunda:

The Killing Moon

En el Canal Echo & the Bunnymen

https://www.youtube.com/watch?v=ZDaT6eVgOws&list=PLI6kLIhBBwmQ6grWHa_q6vyjqBPwPoPJd&index=3



Tercera:

Los Punsetes - EL AÑO DEL CABALLO

En el Canal Los Punsetes

https://www.youtube.com/watch?v=rvczG7zceDo















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