SOMBRAS SIN ALUMBRADO
Buenas noches nocturnas... Perder el tiempo podría consistir, por ejemplo, en interesarse por el lado oscuro de los peluqueros. Pues bien, hasta este momento pierdo el tiempo del martes. Lo aviso para que quien no desee contagiarse se evite la lectura. Y, por supuesto, esta misma indicación es un anzuelo para estimular la curiosidad ajena.
Las cosas claras.
O no: más bien oscuras. Digo que, por razones que no puedo explicar mediante una argumentación lógica, estaba aliviando mi rostro de las arrugas y las legañas acumuladas durante la noche mediante el agüita del grifo cuando una conjunción de neuronas me llevó a lo opaco de la vida, quizá a lo siniestro y, desde luego, a lo oculto.
Debe quedar claro que no frecuento los apartaderos conspiranoicos en los que se reúnen personas partidarias de pensar en graves fuerzas que se desarrollan en las sombras para lograr determinados beneficios, siempre conseguidos a costa de aquello de lo que disponemos los demás.
Así que, con extrema premura, tuve a los peluqueros —y confieso que no hubo señoras en mi mente— como representantes de la vida cotidiana aparentemente alejada de todas esas cosas que aparecen en los medios de comunicación con más o menos frecuencia.
Aparentemente, pero no del todo; de ahí el lado oscuro. Me refiero a las actividades que se realizan alejadas del foco natural que alumbra los actos atribuibles a alguien, en consonancia con la intervención pública, laboral, por ejemplo, de cualquiera.
Cosas hay en cada uno que no confesaremos. Y eso es en lo que pensaba. En el caso de los peluqueros, no tanto como seres humanos, sino, precisamente, como trabajadores que se ocupan de la conservación y los cuidados del cabello.
Mi estrafalaria imaginación me llevó a un cuarto secreto, una especie de trastienda que funciona como almacén y laboratorio. Para los tintes y afeites de los que se valen para lograr una estética craneal que deslumbre, ni se sabe las sustancias que pueden usar. Incluso, como tantas veces sucedió con la ciencia, por errónea maniobra, se descubren materiales insospechados capaces de vaya usted a saber qué resultados.
Por otra parte, los peluqueros, igual que quienes atienden la barra de una taberna, los curas —por supuesto— y otras personas que se ganan su sustento de cara al público, adquieren informaciones acerca de las vidas de los otros que, sobre todo para actividades de ventas y negocio, son muy útiles.
Tal vez esta sea una de las razones por las que internet y las redes sociales tienen tanto éxito hoy. Al fin, nos encanta ir por ahí contando nuestra vida sin reparo. Ahora podemos hacer eso y que nos escuche todo el mundo sin siquiera tener que salir de nuestra casa.
Por lo tanto, damos pelos —lo cual es lógico en una peluquería— y damos señales sin reservas. Es decir, otorgamos poder gratis. Eso, está claro, no significa que los peluqueros, en general, sean agentes diseminados por ciudades o pueblos para conocer las preocupaciones e iniciativas de las personas, a semejanza de los espías clásicos. Ahora bien, ¿y si sí?
De la ficción con peluqueros de por medio, solo recuerdo *Eduardo Manostijeras*, la película de 1990 dirigida por Tim Burton, y *Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street* (Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet en España; Sweeney Todd, el barbero demoníaco de la calle Fleet en Hispanoamérica), la película musical estadounidense de 2008 también dirigida por Tim Burton, y protagonizada por Johnny Depp y Helena Bonham Carter.
«La película narra la melodramática historia de Sweeney Todd, un barbero inglés que asesina a sus clientes con una navaja de afeitar en la época victoriana, con la ayuda de su cómplice, la Sra. Lovett, quien convierte sus cadáveres en pasteles de carne».
Creo que se trata de una película de esas que se dice “basada en hechos reales”. Mas nada tan alejado de la gente que conozco, perteneciente a este gremio, hoy objeto de mi interés aunque haya sido para cuestiones tan extrañas.
No obstante, cuando sacan a relucir una de esas navajas que utilizan para recortar algún sector de la garganta en el que los filamentos que no se quieren a la vista se hacen fuertes, entonces, me estremezco.
Me destoso.
https://www.filmaffinity.com/es/film827774.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Sweeney_Todd:_The_Demon_Barber_of_Fleet_Street
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.






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