55 DÍAS EN BLANCO
Buenas noches nocturnas… A las nueve de la mañana del día de hoy, aproximadamente, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha informado, mediante una declaración institucional, que van a disolverse las Cortes y, por lo tanto, se convocan elecciones generales que se desarrollarán el domingo 29 de noviembre. Hasta esa fecha, los ciudadanos estaremos expectantes, ansiosos por que llegue ese momento, y debemos emprender de inmediato un camino que nos permita concretar qué haremos mientras se acerca la cita. Por mi parte, he convocado a todos los expertos que me asesoran habitualmente y, tras las oportunas deliberaciones, hemos elaborado una hoja de ruta personal que va a facilitar este tránsito: que exponga aquí sus contenidos tiene que ver con la solidaridad a la que tanto se alude desde distintas instancias.
La lógica de los acontecimientos —a menudo frustrada porque una cosa son los mecanismos y otra las salvedades que se presentan e impiden su progreso; pienso en los trenes— indica que, a partir de ahora, hasta el 12 de noviembre, más o menos, hay una sucesión de actividades bien conocidas por todos: candidaturas, movimientos, declaraciones, encuestas, acusaciones, desmentidos, contraacusaciones… En fin: lo de siempre.
Después llegará la campaña, del 13 al 27 de noviembre; el 28 será la jornada de reflexión y el 29, las urnas.
Si todo esto se contempla como los fenómenos atmosféricos propios de una estación climatológica, comprende que, como en la primavera, el verano, el otoño y el invierno de manual, el que existía antes del cambio climático, lloverá o no; hará calor o hará frío. Nada que preocupe a aquellos que se encogen de hombros ante cualquiera de estas manifestaciones y que, sin embargo, van a acoger con creciente incertidumbre los que dependen de unas condiciones u otras para proseguir con orden sus vidas.
Así pues, oiga: paraguas y bufanda, salvo que no se necesite. Y lo demás solo será tiempo que pasa.
Mas, si fuéramos el acompañante de alguien que espera en una sala de urgencias porque tiene una necesidad sanitaria —tampoco demasiado grave—, modelo que puede servir para considerar lo que venga a suceder hasta que se culmine el proceso, cabe pensar en cómo entretenernos.
Los expertos a los que mencioné me han propuesto, por ejemplo, vincular este periodo de más de cincuenta días con la idea de perseverar en una constante: todo lo que haga ha de tener como propósito sobresaliente el empleo de mis energías en algo necesariamente distinto a cualquier cosa que tenga que ver con las elecciones.
En este sentido, hay siete consejos que podría admitir y constituirían el arranque de otros a determinar como complemento hasta ese domingo último de noviembre.
Compras, lecturas, creatividad, paseos, recreo cultural y, la que más me gusta: eludir todo compromiso productivo durante una hora al día, pero hacerlo deliberadamente.
Esto me gusta. Aunque debo valorar si una sola hora al día es suficiente. Si hay que hacer las cosas… o, mejor dicho, si no hay que hacerlas, ayudaría conducirse sin límites de tiempo para concentrarse y experimentar la ausencia de actividades como un empeño que proporcionará nuevas sensaciones, despertará otras que nunca hayan tenido lugar o, simplemente, dé paso a un meandro de emociones similar al de las aguas de un río que solo espera su llegada a la costa.
Así que, ahora mismo, hay muchas posibilidades de que me dedique a la holganza absoluta. Salvo por casi inapreciables trámites administrativos, se podría votar, como mucho, en quince días. Conocemos a los líderes de los partidos y lo que piensan. Al fin y al cabo, están en permanente campaña electoral. Y, como es lógico, si todo está resuelto como pienso que lo está, cabe no otra cosa que dedicarse a la nada.
La nada es un concepto que, salvo a científicos, filósofos y poetas, importa a poca gente. Y debiéramos estar más a favor.
Un poema de Julia Burgos, que se llama *Nada*, acaba con esta estrofa:
«Si del no ser venimos y hacia el no ser marchamos,
nada entre nada y nada, cero entre cero y cero,
y si entre nada y nada no puede existir nada,
brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos».
Brindemos por nada y con nada hasta esa nada de las próximas elecciones: entre el carnaval del susto y de los muertos y el umbral pantagruélico de las navidades, con sus lucecitas y sus excesos.
Me destoso.
https://ciudadseva.com/texto/nada-2/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.




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