CARPINCHO
Buenas noches nocturnas... Si he de atenerme al nombre que escuché en primer lugar, es «carpincho», pero ahora sé que también puedo referirme a una especie de roedor de gran tamaño, nativo de Sudamérica, con el nombre de «capibara». Paradójicamente, esta última denominación sí que la conocía. Poca información más acerca de esta especie.
Ahora, sin embargo, una vez me nutro de algunos detalles que recojo de la Wikipedia, puedo decir que:
«Tiene un cuerpo pesado en forma de barril y una cabeza pequeña, con un pelaje pardo rojizo en la parte superior del cuerpo que se vuelve pardo amarillo. Puede crecer hasta 1,30 m de largo y llegar a pesar 65 kg. Presenta pies ligeramente palmeados y, de manera similar a otros cávidos, carece de cola y cuenta con veinte dientes. Sus patas posteriores son algo más largas que las anteriores, y los hocicos son romos, con ojos, narinas y orejas en la parte superior de la cabeza. Las hembras son ligeramente más pesadas que los machos».
Pero ¿con qué piedra he tropezado a fin de entretenerme con estas consideraciones de la fauna?
Pues bien, programan en un canal de televisión la serie *The Big Bang Theory*. Probablemente ya habré visto cada uno de sus capítulos, tal vez tres o cuatro veces, pero me sigue haciendo gracia. Y no lo digo solo desde la vertiente humorística: me complace, tengo la oportunidad de reparar en algo que no recordaba haber advertido y, puesto que es posible que, a la vez, esté haciendo otras cosas, no necesito seguir el episodio tan intensamente como si lo viera de primeras.
El caso es que, durante una escena del episodio 7 (*The Apology Insufficiency*), perteneciente a la temporada 4, Leonard Hofstadter, Rajesh «Raj» Koothrappali y Sheldon Cooper conversan mientras comen en la universidad.
Leonard: No, en serio, creo que por fin he resuelto mi problema con las mujeres.
Sheldon: El carpincho es el más grande de la familia de los roedores.
Leonard: ¿Qué tiene que ver eso conmigo y con las mujeres?
Sheldon: Nada. Era un intento desesperado por sacar otro tema de conversación.
Llega Howard Wolowitz, otro de los amigos, y se sienta a la mesa con su bandeja de comida.
Howard: Buenas noticias: me han admitido en el equipo de vigilancia por satélite del nuevo Departamento de Defensa.
Sheldon: Disculpadme, si vamos a cambiar de tema, yo estaba primero para hablar del carpincho, un roedor del tamaño de un hipopótamo, *baby*.
Howard: ¿Qué?
Leonard: Enhorabuena, Howard… Vale, Sheldon: háblanos de tus roedores gigantes.
Sheldon: No. Habéis malgastado el tiempo conmigo y ha pasado el momento. Disfrutad de vuestra decepción, igual que el carpincho disfruta de sus propios excrementos.
Así que, este carpincho, esta capibara, me llamó la atención. Ha sido el estímulo para mis primeras averiguaciones y para la que muchas veces tiene lugar una vez satisfecha la primera: ¿habrá una leyenda o una narración literaria que tenga como protagonista a este animal?
La respuesta es sí. Hay varias. Pero me quedo con una publicada en el blog *Cultura Guaraní*. Este remite a un territorio llamado Estero del Iberá: «un extenso humedal que abarca unos 12 000 km², en la provincia de Corrientes, en el nordeste de Argentina, solo superado en extensión por el Pantanal (brasileño, boliviano y paraguayo). El sistema de humedales Paraná-Paraguay, conformado como un sistema interconectado entre el Pantanal y el delta del Paraná (provincia de Buenos Aires), es en su conjunto el segundo humedal más grande del mundo. De esta forma, el Iberá es parte de un sistema hidrográfico mucho más extenso, en el que el macrosistema del Iberá, de cerca de 45 000 km², desarrolla un ecosistema subtropical y tropical de enorme diversidad».
Era, allí donde ocurrió todo, tierra de mariscadores. Los protagonistas —hombre y mujer casados y padres de unos hijos que habían dejado el hogar original para hacer sus vidas en otros lugares— viven apaciblemente hasta que, tras haber hecho una buena venta y adquirir provisiones para la casa, antes de regresar, porque se sentía sobresalientemente bien, tomó unos tragos. Después, ya a bordo de su canoa, con mal tiempo, no pudo gobernar su embarcación como acostumbraba y chocó contra unos embalsados. La nave zozobró y, a causa de todo esto, el hombre, empujado contra los fardos y a punto de perder el conocimiento, fue incapaz de sobrevivir.
La tardanza de su marido inquietó a su esposa, quien salió, a noche cerrada, con una lámpara de aceite a buscarlo.
Las inclemencias del tiempo provocaron la rotura de una rama que golpeó a la mujer, quien cayó aturdida. La lámpara chocó contra un árbol y prendió la maleza.
El fuego, terrible, consumió todo lo que encontró a su paso. También a la desesperada señora.
Cuando amaneció, un roedor desconocido emergió del agua, se encontró con su hembra y ambos se dirigieron hacia una zona montuosa. Los demás mariscadores nunca pudieron explicar la misteriosa desaparición de la pareja.
Por suerte, las leyendas no tienen moraleja y cabe admitirlas sin mayor cautela. Quedan expuestas, como ocurre aquí, y son estación término. Un viaje más, por tanto, en esta ocasión, de la tele a las tierras pantanosas americanas.
Me destoso, pero no sin antes confesar que creo haber escrito esta pieza anteriormente: la sospecha me reconcome.
https://es.wikipedia.org/wiki/Hydrochoerus_hydrochaeris
https://www.youtube.com/watch?v=Gww48fR-ZPE
https://rescatando-mi-cultura-guaran.blogspot.com/2015/11/la-leyenda-del-carpincho.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Estero
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.




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