SIN RASTRO DE ANAFILAXIA


Decir alergia no es aludir a un estado del norte de África que cuenta con litoral mediterráneo y una gran extensión del desierto del Sáhara, situado a la derecha de Marruecos, tan nombrado durante estos días, según se observa el mapa de frente.


Alergia, de acuerdo con lo expuesto en el diccionario, tiene dos acepciones y cuatro sinónimos:


«Respuesta inmunitaria excesiva provocada en individuos hipersensibles por la acción de determinadas sustancias, especialmente ambientales».


«Sensibilidad extremada y contraria respecto a ciertos temas, personas o cosas».


«Anafilaxia, reacción, hipersensibilidad, rechazo».


Dicho esto, me conviene atender a lo especificado conforme reza la segunda parte del significado de la palabra, la que pone el énfasis en la “sensibilidad extrema”.


Hay una frase atribuida a John Steinbeck, escritor estadounidense ganador del Premio Nobel de Literatura y autor de conocidas novelas como *De ratones y hombres*, *Las uvas de la ira*, *La perla* y *Al este del Edén*, que dice:


«El truco de moda es la alergia. La alergia es caer enfermo ante cualquier cosa que no se desea hacer. He conocido mujeres alérgicas al agua de lavar platos».


A propósito de este parecer —en el contexto actual bastante impropio—, yo mismo, que no soy mujer, no solo comprendo tal circunstancia y me solidarizo con aquellos aquejados de un trastorno tan evidente, a pesar de la broma del amigo americano, sino que sufro ese tipo de alergias, en especial cada vez que preferiría hacer otra cosa. En ocasiones, la reacción es tan insoportable que no puedo hacer otra cosa sino detenerme… y puede que, para entonces, ya sea tarde: las manifestaciones, significativas especialmente en todo lo relacionado con mi sentido del humor o con las constantes de ánimo y de disponibilidad, no se hacen esperar.


¿Quiero decir con eso que estoy en constante búsqueda de sustitutos para las tareas de fregadero o que tengo en mente adquirir una máquina que resuelva ese asunto? No, ni mucho menos. Me disgusta el trato, pero, a la vez, me divierte lo que hago al librarme del pringue, y supone un reto de habilidad creativa la superposición del menaje utilizado durante el cocinado y de la parte de la vajilla que llega con los restos correspondientes al ágape del día, en el escurreplatos.


Ya saben que, de vez en cuando, es imprescindible pagar.


Pero es cierto que las alergias se interponen para lograr excusas que, de otro modo, serían muy difíciles de obtener.


Pongamos por caso la música. No me gusta el reguetón ni los sonidos preferentemente electrónicos en general. Como reputados músicos que me agradan han encontrado valores en ese sector, no quiero quedar como un pardillo, demostrar que no sé de la misa la mitad. Por lo tanto, puesto que no deseo contacto con los artífices de esa especialidad ni con sus productos, me declaro alérgico. Si acaso llego a consumir un minuto de la obra musical de Bad Bunny, se me retuercen los labios: el superior hacia la derecha, el inferior hacia la izquierda, en un empate ideológico que deviene en mueca.


Esa expresión torcida me afea y lesiona mi autoestima. Algo intolerable para un ser de luz como servidor. Más parezco, entonces, que soy bartender como Moe Szyslak, el tabernero de Homer Simpson.


Por lo tanto, puesto que los doctores Hibbert y Nick Riviera han certificado que padezco ese mal —dos opiniones mejor que una—, alego indefensión y se comprende, por humanidad, mi postura.


En verdad, soy alérgico a algunas otras cosas. Citaré, para que se sepa, de qué modo mi organismo se niega a admitir como bueno para él…


Los mejillones vivos o muertos.


La abundancia humana y la concentración de seres, sea donde sea.


Las estridencias de la fauna, incluso las tenidas como musicales.


La proliferación de vehículos sobre las aceras.


Las gestiones administrativas.


Los compromisos atléticos.


El tomate sin sal.


Por supuesto, tengo más: vivo en simbiosis con las alergias.


No obstante, carezco de intención alguna que pueda vincularse con el aburrimiento, así que termino:


Como se atribuye al autor y pensador motivacional Francis Iácona: «Pasar de la alergia a la alegría es cuestión de cambiar de perspectiva. Del mismo modo, hay poca diferencia entre la antipatía y la simpatía. El obstáculo reside en la comunicación».


Y M. M. Soriano (Marcelo Soriano), escritor, pensador y aforista brasileño, tiene esta opinión complementaria:


«La alegría ajena se convierte en una alergia en la nariz del envidioso».


Ustedes ya están avisados.



Me destoso.



https://dle.rae.es/alergia



https://akifrases.com/frases/alergia



https://www.pensador.com/frase/MTUxNTE2NA/



https://www.pensador.com/frase/MjI5MjE3Mw/




La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.






Selección gráfica del día...

COLO en ABC 2 de octubre de 2026



IDÍGORAS y PACHI en El Mundo 2 de octubre de 2026



JL MARTÍN en La Vanguardia 2 de octubre de 2026



Selección de contenidos...

Primera:

Arde Bogotá - Olivos

En el Canal Arde Bogotá

https://www.youtube.com/watch?v=4Duuc2M1rZI



Segunda:

Brandi Carlile - And So it Goes

En el Canal Brandi Carlile

https://www.youtube.com/watch?v=HapsDj_BXBE



Tercera:


North Mississippi Allstars - Stay All Night feat. Robert Kimbrough

En el Canal North Mississippi Allstars

https://www.youtube.com/watch?v=Vle51rKm6RI

















Comments

Popular posts from this blog