SUBE EL PRECIO DE LA MAYONESA: TRES AÑOS DE CÁRCEL
Señoría, gracias por permitirme decir unas palabras. Como mi abogado acaba de decir, acepto la condena. Serán tres años de cárcel por un delito de incendio a causa de mis actos cuando quemé de forma intencionada, con gasolina, un bar en Los Palacios, Sevilla. Estuvo mal, señoría, muy mal.
Pero quiero que se me entienda: necesitaba mayonesa. Un montadito sin mayonesa, señoría, es... es... verá.
La mayonesa es más que un acompañamiento alimentario: es un potenciador. Un potenciador, señoría. No se trata de un capricho. Vea. Cambia la textura, la untuosidad y el perfil de sabor de lo que toca. Esto es muy importante, señoría. Patatas fritas, bocadillos, atún, huevo duro, pollo empanado, ensaladilla... cualquier cosa que pida mayonesa a gritos. Con mayonesa, señoría. Sin la mayonesa, el plato queda a medias. Más aún: queda en nada.
Lo que no se entiende es cómo un establecimiento abierto al público, que tiene sus principios de calidad y de servicio, se queda sin existencias y no cierra de inmediato. Se cierran los negocios por muy distintos motivos. Se cierran por bodas, por bautizos, por vacaciones, por descanso del personal... Se cierra. ¿Por qué no ocurre lo mismo cuando lo que falta es un elemento esencial de la cadena alimentaria como la mayonesa? ¡Mayonesa, señoría, mayonesa! Es que hay que tenerla en la despensa. Como la sal o el aceite.
He de reconocer que soy muy vehemente, señoría. Lo soy. Y me comprometo a tratarme con un profesional para mejorar en este sentido. Las cosas como son. Pero, señoría, también soy un acreditado especialista gastrónomo en todo lo que tiene que ver con la mayonesa. Vea, señoría. Si vamos a comer patatas con mayonesa, tengo... bueno, tengo muy clara la experiencia completa: el contraste crujiente-cremoso, el punto ácido-graso... ¿No es maravilloso? ¡Póngase en mi lugar, señoría! Que usted también va de cañas, seguro.
Y si me sugiere otras alternativas, pues no. Ni muchísimo menos. Por ejemplo, el alioli. No es lo mismo, señoría, no es lo mismo. El ketchup tampoco. La mostaza, menos. El sustituto más cercano, mezclar huevo, aceite y sal a mano, exige tiempo y ganas que no siempre se tienen en ese momento... y no estoy seguro de que en este restaurante haya profesionales competentes en esta materia. Yo necesito saber que quien lo hace realiza su labor con absolutas garantías.
Ya acabo, señoría, ya acabo... He de referirme a los aspectos culturales de la mayonesa. ¿Existen? Desde luego. En España, Francia, Bélgica y buena parte de Latinoamérica, la mayonesa es parte del imaginario culinario cotidiano. Cotidiano. Su ausencia en un momento clave se vive como un fallo del sistema. Es decir, señoría: no se puede hablar de un ejercicio gastronómico integral, completo, si falta la mayonesa, se utilice o no se utilice. Como el agua o el vino, debe estar en la mesa siempre que se demande su uso.
Pero el argumento más honesto de todos, señoría, es el personal e íntimo. Uno quiere comer lo que quiere comer. Y, además, paga, siempre paga. Uno nunca se deja a deber una sola consumición. Si no llevo dinero, no voy a la tienda, al bar o al restaurante. No voy. Uno quiere comer lo que quiere comer y punto. Que faltase la mayonesa y que, a consecuencia de eso, me comportase como me comporté no tiene justificación, lo reitero. Estuvo mal. La gasolina es un combustible ideado para hacer cosas buenas y yo me olvidé de este sagrado principio.
Lo que pasa es que somos seres emocionales, señoría. Somos seres emocionales, sometidos a presiones de todo tipo, con problemas de muy distinta índole, que podemos tener un mal día y, claro, uno piensa, en ocasiones, en atenuantes... Ya sé, ya sé, señoría. No ha lugar, como usted dice... Perdón, no es una falta de respeto: era por quitarle hierro.
En fin, termino, de verdad. Quienes me conocen saben lo importante que es todo esto que ha desencadenado la vista judicial y su desenlace. Me reprocho la respuesta, desmesurada, como la justicia ha acreditado y yo acepto. Y solo pido comprensión. La vida es larga, es dura y, cuando nos queremos dar cuenta, se nos acaba. Mientras tanto, hay que vivir. Hay que vivir, señoría. Y tenemos que disponer de algunos placeres. Cada cual opta por aquello que le gusta. Ya sabe: viajar, hacer fotos, ir al cine, dar paseos saludables, asistir a conferencias, visitar exposiciones... Servidor es un amante de la mayonesa. Lo soy. Y voy a decir, para dar por cerrada mi intervención, con su permiso, señoría, unas palabras del famoso poeta Pedro Luis Luque:
«Pero entre la persona que va a comer y el poder de decisión que tiene para aplicar crema cuando quiere, donde quiere y a lo que quiere, sí hay una relación por valorar y analizar. Porque salsas hay muchas, hasta para bailar hay salsa. Pero ninguna como la mayonesa, que a uno le gusta ponerle a lo que uno quiere; la cosa se trata de placer y libertad. Buen augurio para la mayonesa y sus amantes».
Gracias, señoría.
https://theobjective.com/espana/tribunales/2026-10-21/carcel-bar-sevilla-discusion-mayonesa/
https://www.poeticous.com/pedro-luis-duque/mayonesa?locale=es
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona DESIGNER.




Comments
Post a Comment