IMPRODUCTIVO, PERO ATLETA
Buenas noches nocturnas… Cada vez que dispongo de un documento en blanco y no tengo, a bote pronto, nada que comunicar, entiendo que lo más sensato sería desentenderse de todo afán por escribir. Para no reeditar sensaciones similares a las que se producen cuando alguien intenta eludir el silencio mediante comentarios insustanciales durante un trayecto de ascensor que apenas dura unos segundos.
Sin embargo, no hago esto solo por agradar, por establecer en un breve comunicado algo que otros juzguen digno de atención. Escribo a diario, salvo por fuerza mayor, porque me gusta, porque me entretiene y porque mi cerebro necesita de este tipo de gimnasia. Se trata de un ejercicio mental —y una destreza— sostenido por la componenda de que ustedes me prestan atención haciendo gala de generoso desprendimiento.
A mi vez, concibo todo lo que llega a este blog para ser expuesto de la mejor manera que aprendí, aunque comprenda que ustedes fingen: al fin y al cabo, solo de esta manera puede continuar la farsa.
Sé que, en algún momento, antes de dar por redactada esta misiva, recordaré esos versos de Lope de Vega...
«Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante».
Porque luego, una vez leídos los otros diez, sin decir en verdad nada, el «Fénix de los Ingenios» lleva a puerto su nave lírica y sale del paso con cierto sentido del humor. Camino de lo que puede ser esta empresa mía, de la fecha de estreno de noviembre, salvo por lo de la risa.
Caminé, escuché los pódcast que quise, estuve al quite de los asuntos domésticos que me correspondían y me puse frente a este ordenador en el que redacto, unas veces con más suerte que otras, todo esto que siguen leyendo, aunque no sé muy bien por qué, ya que les doy pistas desde la primera línea.
Hasta aquí, ni condimento ni porción. Nada encontré familiar ni, por otro lado, tan extraño que despertase mi curiosidad o llegara a inspirarme.
Examiné lo que se cocía en una red social que dicen de escritores. Me entretuve en silenciar las actividades de personas que comparecen en ese sitio al que accedo, precisamente, en busca de algo de valor que aprender, sobre lo que reflexionar o con lo que distraerme.
Tal vez quiera forzar al algoritmo ofreciéndole pistas de lo que no me interesa. Y no me interesan muchas, muchas, muchas cosas de las que se escriben.
Es cierto que no doy segundas oportunidades. Decido que, si no me interesa la primera, no me interesarán las que vengan después ni quiero correr el riesgo de repetir el infortunio que padecí.
Pierdo oportunidades, se dirá. Y es cierto. Pero prefiero valores seguros. Los que yo descubra: tampoco hace falta que venga nadie a proponérmelos.
Además, tengo claro que, como usuario de esa red social, también habré sido desestimado. No me importa. De hecho, si esto a lo que acabo de aludir, lo de silenciar la aparición de las voces de otros, es bueno para mí, ha de ser bueno igualmente cuando me involucra como víctima. No le gustamos a todo el mundo, no nos gusta todo el mundo y ni siquiera hacemos nada por conocer a todo el mundo. Ya es bastante con conocer, queramos o no queramos, a demasiados seres humanos que, si no nos disgustan, nos parecen incomprensibles.
En la publicidad tampoco encontré impulso que me moviese a la parodia.
En la prensa, nada que no me haya indignado otras veces: llueve sobre mojado.
Y en la literatura, salvo Lope, no he abierto caminos. Si me pongo a leer ahora, no escribo una palabra y malverso el tiempo que dedico a sacar adelante textos como este.
Me quedan los tres últimos versos del soneto:
«Ya estoy en el segundo, y aún sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho».
Lo que dije, una chirigota.
Me destoso.
https://poemas.uned.es/poema/un-soneto-me-manda-hacer-violante-lope-de-vega/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI.




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