NI PIES PARA LA DANZA NI BRAZOS PARA LA PRÓTESIS DE LA OBLIGACIÓN AUDIOVISUAL Buenas noches nocturnas… Nada espero, salvo la música, cuando ocupo mi localidad en un teatro o en cualquier otro recinto en el que se vaya a desarrollar una de esas oportunidades culturales a las que denominamos concierto. Si la proposición artística y las condiciones del ámbito donde se produzca la celebración lo permiten, no bailaré. Y si presumo que, justamente, la coordinación de las evoluciones corporales con los ritmos y melodías es el fin primordial de la convocatoria, probablemente me abstendré de asistir. Si acontece la danza, que se sepa: no conmigo. Además, tratándose de citas en las que predominan las formas más desinhibidas de lo que en algún momento se haya podido denominar música joven, lo que sucede en términos de danza tiene poco que ver con esa categoría de expresión. Digo que no me satisface la epilepsia. Porque no se me ocurre mejor manera de calificar lo que sucede en las celebraci...