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  CUÑAO Buenas noches nocturnas... No lo pensé conforme se avecinaban las fechas, no lo esperaba pero... Es un agasajo de la naturaleza, encontrar, otra vez visto desde las calles que descienden hacia la «llanura» interminable de la mar, relieves ondulados con abundante espuma. Esa orla hoy muy agradable, excepcional tratándose de un día veinticuatro de diciembre, para quienes comulgamos con los festejos porque carecemos de recursos para acudir a otros lugares del planeta, y aún fuera de la Tierra, donde tales usos ni siquiera se conozcan, esa orla es de una dignidad y sosiego considerables. Perfecto. No obstante, como en esas ocasiones en las que, viendo una película, la cámara gira a buena velocidad a fin de mostrarnos otra cosa, trato con un divertimento encontrado entre los pliegues de la imaginación, de la mía, luego de admitir que enjugué mis neuronas con licores obtenidos mediante la técnica de sumergir un reptil dentro de un envase lleno de un líquido sospechoso, tener ese ...
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  PONZOÑA CON LAZOS Buenas noches nocturnas... Estos días, como bien sabemos tras invertir cierta parte de nuestro capital en lo que diré, son fechas para adquirir bienes y servicios conseguidos para proporcionárselos a otras personas. A fin de designar este proceder existe un verbo: regalar. Ofrecemos en propiedad algo sin solicitar nada a cambio. De hecho, aunque hay personas que regalan para recibir regalos y quienes solo hacen regalos si antes los han recibido, en puridad lo suyo es conducirse con altruismo. Pero, al margen de esta ceremonia, también del consumo, hablando de regalos, me interesan aquellos con apellido. Concretamente, los regalos envenenados. Por ejemplo, la manzana que la madrastra de Blancanieves, disfrazada de anciana, entregó a la hermosa muchacha para causarle todo mal. Eso dice el cuento. O el Caballo de Troya. Estratagema ideada por Ulises, el mítico Odiseo, que ustedes conocerán detalladamente como lectores que son de La Ilíada, La Odisea y La Eneida. Bi...
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  DE LA GENTE QUE ME PARA POR LA CALLE Buenas noches nocturnas... Una cosa que se puede hacer a la hora de emplear las llamadas inteligencias artificiales, es solicitar que actúen de una determinada manera. Al menos algunas así lo permiten. Por ejemplo, «actúa como si fueras un bombero y...». Claro: la máquina se abstendrá de apagar el incendio, porque no puede, salvo que esté conectada a un dispositivo fabricado para cumplir con esa finalidad. Pero puede adoptar terminología o proposiciones dignas de un bombero. ¿Para qué puede servir todo esto? Las utilidades habrán de ser definidas por cada uno de los usuarios y  estarán conformes a la idea de obtener algo que la persona en cuestión tenga en mente. Yo mismo soy una inteligencia artificial. Digo que, aunque mi cerebro es un órgano del todo natural, los pensamientos que elaboro, de los que me doy cuenta—y estoy dispuesto a admitir que lo que yo creo generado a partir de la suma o de la resta de mis conocimientos no sea otra c...
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  MEDIOCRIDAD Buenas noches nocturnas… Si me propusiera escribir la bazofia suprema, tal vez, ya la estaría escribiendo. No seré el primero que emprenda una redacción persuadido de que lo que se exponga en ella contenga los atributos de una pieza memorable. Sin embargo, a pesar de los pesares, es muy probable que, según con lo que se coteje, estos comunicados no puedan sino pertenecer a los que se acumulan sobre el montón… o debajo. Porque, aunque ahora mismo desconozco el origen de esta idea, he pensado en lo bien entrenado que he de estar para lograr que un artefacto propio consiga el galardón indiscutible a la creación más desventurada. Que tampoco tengo más empeño. Es solo una cuestión de simetría. Si los genios de la vida han aunado talento, esfuerzo y tiempo a fin de mostrar al mundo obras impecables, por fuerza, tiempo, esfuerzo y ausencia de perspicacia son necesarias para desarrollar el horror estético, al menos. Como analogía facilona, pudiera decir que una escultura de M...
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  LLORAR EN VANO Buenas noches nocturnas... Como no se ha podido comunicar con las rocas, estar al día de las preocupaciones que forman parte de la vida mineral es complicado. No parece que tuviera demasiado sentido dialogar con ellas, pues, salvo en el mundo de la ficción o entre las inquietudes del poeta, las piedras ni siquiera callan. Para callar, tendrían que disponer de voz y no se ha podido demostrar que la tengan. Queda la telepatía, porque las señas, el lenguaje mediante señas, como bien se comprende, será otra imposibilidad. De hecho, si salen este fin de semana al campo, si progresan y, cercanos a un lugar del horizonte que no es el horizonte, porque nunca es el horizonte, encuentran material granítico, por ejemplo, hacer aspavientos con las manos y los brazos, puede que resulte un ejercicio pseudo gimnástico sin otra trascendencia, pero no sino eso solo. Las rocas que fueren, como es obvio, permanecerán inalterables. No por estoicas, sino por incapacidad para advertir n...
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  EL DILEMA Buenas noches nocturnas... El primer dilema, de entre los que puedan quedar aquí anotados, pues al comenzar la redacción en la que estoy inmerso, desconozco la consecuencia final de la misma, tiene que ver con la oportunidad de acudir o de no acudir a las cenas o comidas de empresa. Esta parte de la vida social parece ser deseable, por más que sirva para no otra cosa que holgar a imagen y semejanza de pantagruélicos encuentros, a poder ser muy bien regados—más por cantidad que por calidad, aunque no deba descartarse—engrosando la escenificación de una pretendida humanidad rebosante de afectos y de concordia. Gusta, si no prolifera, se mantiene, no da muestras de remisión. Mas, con todos los adeptos que parecen tener, existen personas situadas, en algún momento, en la linde, esperando decantarse hacia un lado o hacia otro. Entonces, esto es. Y, lejos de aclarar este asunto, puesto que no me concierne, lo traigo como producto resonante. Digo que, a cuenta de una escucha, ...
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  YA ESTÁN AQUÍ Buenas noches nocturnas... Al parecer, en una campaña de publicidad se establece que Papá Noel murió. Concretamente, de acuerdo a lo registrado en la esquela facilitada para anunciar ese fallecimiento, sucedió el pasado día once de este mes de diciembre. ¿Cómo es posible y por qué a la edad de setenta y dos años? Lo explican con estas palabras: «Papá Noel, conocido por su inagotable energía y su risa contagiosa, vio afectada su salud a lo largo de los años debido a un consumo excesivo de bebidas azucaradas en su interminable viaje por el mundo. Su microbiota intestinal, sobrecargada, dejó de apoyarle. Su hígado graso dijo basta. Su corazón ya no pudo con más...». Enseguida se comprende que, por ser una persona obesa, Papá Noel podría ser, además, diabético y, en tal caso, unas cosas y otras lo habrían llevado a la tumba. ¿Quiere decirse con esto que las Navidades representadas por el anciano de los ropajes «coloraos» tocan a su fin? No, ni muchísimo menos. Por suert...